miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las asignaturas que echo de menos

Supongo que a lo largo de nuestra vida todos hemos echado de menos saber más sobre algún tema que consideramos importante. De entre todos esos temas, creo que la mayoría de nosotros compartirá algunos, que somos muchos quienes los hemos echado en falta. La pregunta, ante eso, es ¿por qué no se nos enseñaron en el colegio? En algunos casos, porque se consideran conocimientos muy técnicos o específicos como para enseñarse a tan cortas edades (aunque llamar edad "corta" a los 14 o 16 años no me parece muy aceptable). Sin embargo, en otros la razón es, simplemente, porque nadie se lo planteó nunca, o porque no eran conocimientos necesarios en el momento en que se diseñó el sistema.

El modelo de educación actual, tal como fue concebido en sus principios, era una forma de preparar a las personas para su trabajo. Se obtenía cultura general de diversas materias que sentaban las bases para, luego, en la Universidad, estudiar algo más específico. Sin embargo, la cantidad de conocimientos que hay ahora mismo es enorme, y el acceso a ellos igualmente grande. Nunca como ahora una persona puede, en sus ratos libres, obtener una formación como la que ahora puede conseguir a través de Internet. Para colmo, la forma de nuestra sociedad, los conceptos de libertad y derechos que hay en la actualidad y el papel de las instituciones en nuestras vidas ha cambiado enormemente a lo largo de los dos siglos que tiene, más o menos, el actual modelo de educación.

Hoy, las necesidades que todos tenemos en nuestra vida son muy diferentes. Necesitamos formarnos prácticamente toda nuestra vida, por lo que surge la pregunta: ¿qué es lo que deseamos que constituya la "educación básica"?

Para mí, la educación básica debería proporcionar a todos los instrumentos necesarios para saber cómo manejarse en los entornos políticos, sociales y tecnológicos actuales, así como las herramientas personales necesarias para hacerlo de forma que podamos sentirnos lo más felices que nos sea posible. Y basándome en esto, echo de menos muchas cosas.

Independencia Política

Saber cómo funciona nuestro sistema político, desde nociones de la Ley Electoral al funcionamiento del sistema representativo me parece fundamental. Creemos que eso de meter un papelito en una urna es bastante fácil, pero no nos damos cuenta de que cuando la gente habla por televisión, o tomándose un café con los amigos o, simplemente, pensando en que nuestra Constitución es una porquería (algo que muchos piensan hoy día), realmente no suelen tener ni pajolera idea de lo que hablan. Conocer nuestro sistema político es el primer paso para tener capacidad de cambiar las cosas. Cuando un partido dice que va a proponer cambios en la Constitución mucha gente asiente, porque es realmente necesario, pero a poco que se entre en detalles no se tiene ni idea de la diferencia entre nuestro estado autonómico, una federación, una confederación o lo que sea que se quiera proponer ni las consecuencias de instaurar modelos territoriales así. No digamos si se habla del sistema de reparto de escaños o de si un voto en blanco vale más o menos que una abstención.

Seguridad Legal

Son muchos los derechos que tenemos, y muchos los instrumentos para ejercerlos, aunque en bastantes ocasiones no sean lo efectivas que nos gustaría. Conocer las bases del sistema judicial y del Derecho, así como la forma de acceder a los instrumentos que nos permiten ejercerlos, es trabajo de la clase política. Sí: sé que no lo hacen muy bien, y que todos pasamos tres pueblos de reclamar cosas a veces por no meternos en los follones y gastos derivados de hacer valer tales derechos, pero la realidad es que existen instrumentos que nos permiten hacer frente a problemas legales.

La primera vez que me vi amenazado por alguien en el campo legal fue con un cliente que reclamaba más de lo que debía. Gritó enfurecido, y muy seguro, que me denunciaría. Y yo, francamente, me acobardé. Ignoraba lo que es significaba ni las consecuencias que podía tener, pese a que sigo teniendo claro, aún hoy, que yo tenía razón. Al final, accedí a una solución de compromiso con tal de no meterme en abogados, y aún hoy me da rabia no haber hecho vales mis razones frente a tal tipejo. La segunda vez fue en un trabajo. Quienes nos contrataron a un amigo y a mí se portaron francamente mal, y quisieron demorar el pago del finiquito correspondiente por nuestra marcha hasta que se terminase un proyecto que nosotros no teníamos por qué finalizar. Curiosamente, nos mostramos dispuestos a terminarlo al marcharnos, por lo que la retención del finiquito era totalmente innecesaria, lo que me tocó las narices. Obviamente, tras la experiencia previa mi actitud ante el conflicto fue muy diferente, y presenté una denuncia ante el SMAC.

No se trata de estudiar leyes o derecho. Ni tampoco de hacer expertos en burocracia judicial. Se trata, para empezar, de saber bien qué son los derechos, cuáles son los fundamentales, y, ante todo, que los chavales, que en los últimos años de educación preuniversitaria ya se acercan a la mayoría de edad, sepan lo básico sobre qué hacer en caso de tener un problema así y la actitud que deben mantener ante ese tipo de casos. Qué es un abogado, cómo acceder a sus servicios, los costes y problemas que tendrán. El acceso a asistencia legal gratuita, etc.

Economía Personal

¿Saben que si sus hijos, en vez de contratar un plan de pensiones a los 30 años, lo contratase a los 18 obtendría en su jubilación entre un 50 y un 100% más? ¿Sabe que una persona que hace 40 años hubiese comprado acciones de Pepsi hace 30 años su capital se habría multiplicado por 38, mientras que si lo hubiese hecho diez años más tarde solo tendría cuatro veces y media más? Es el poder del interés compuesto.

Normalmente nos planteamos ahorrar cuando tenemos dinero, cuando ahorrar es algo que debería ser constante en nuestra vida. Además, nos preocupamos por nuestra jubilación cuando tenemos hijos o nos acercamos a la crisis de los 40, habiendo dejado pasar ya entre 10 y 20 años que nos habrían proporcionado enormes beneficios. Esto ocurre porque salimos del colegio sin tener ni idea de lo que es el dinero, lo que vale y lo que valdrá. En general, no sabemos ni ahorrar, ni invertir, ni nada que no sea ir a por la casa y esperar a jubilarnos por cuenta del Estado. Cuidado, porque yo tengo casi 40 y me faltan 27 años para jubilarme (al menos), y en ese tiempo las cosas pueden cambiar mucho y el Estado puede haber dejado de pagar jubilaciones.

Es importante que nuestros hijos aprendan que ahorrar es más sencillo de lo que parece y, más aún, más importante de lo que parece. El colegio puede ser un extraordinario aliado en este sentido.

Computación

Sí, sí, lo sé... Soy pesado en este punto. Hasta la saciedad. Pero no me cansaré de repetir que la computación será en el futuro parte de esa cultura general que todos debemos tener, como leer, escribir, sumar o restar. Yo doy clases a mis hijos de computación los jueves, y en el caso del mayor (el pequeño empieza la semana que viene), proporciona mucha seguridad en asignaturas como matemáticas.


Y esto es todo. No sé si alguien tendrá alguna idea de otras asignaturas que eche de menos en el colegio. Además, dado que muchos lectores no residen en España, me encantaría saber la formación de este tipo que hay en los países donde residen. ¿Sabéis de sistemas donde se enseñen estas materias?

Un saludo

jueves, 6 de noviembre de 2014

Haciendo historia II

Las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios. Hace poco escribí cómo estamos en casa haciendo un poquito de historia a pequeña escala. Pues bien: todos podemos hacer un poquito de historia hoy mismo.

Code.org ha iniciado una campaña en indiegogo para recaudar fondos para que millones de niños en todo el mundo aprendan a programar. Escribí también sobre la formación en computación en otro post. Apoyad esta campaña, la mayor hecha jamás en indiegogo. Millones de niños en todo el mundo lo agradecerán. Es más... si realmente se impulsa en muchos colegios la formación en computación, serán muchos más los que, por imitación o pura tendencia, implantarán asignaturas relacionadas. Al final, llegará a nuestros hijos.

Aunque solo sean 10 dólares, apoyad esta campaña. Es importante para todos.

...y, de paso, impulsad en los colegios con los que tengáis relación la implantación de computación como asignatura.

lunes, 20 de octubre de 2014

La formación es importante... ¿para nuestros hijos?

Hay mucha gente que piensa que hay demasiadas cosas que están cambiando a peor. Escribí hace algún tiempo un post criticando ese tipo de pensamientos. Realmente, lo que vemos hoy es lo mismo que nuestros bisabuelos vieron en su día. Es habitual que en la transición entre dos siglos haya cambios que lleven a la sociedad a replantearse sus modelos sociales, legales, políticos, laborales, culturales...

Acabo de ver un vídeo que sostiene algo parecido. Habla de la revolución tecnológica que ya está aquí: los robots. Los robots, por mucho que nos pese, irán sustituyendo a los humanos en muchas tareas, lo que pone en riesgo una enorme cantidad de puestos de trabajo en todo el mundo. Los coches que conducen solos amenazan, según este vídeo, el trabajo de 70 millones de conductores profesionales en el mundo. Y eso que no está teniendo en cuenta el trabajo relacionado con los seguros automovilísticos, el de los policías de carretera, mantenimiento de semáforos (aunque algún otro tipo de señales habrá que mantener, supongo)... Por otro lado, en 2013 apareció Baxter, un robot multi-propósito capaz de aprender a hacer tareas por imitación, barato para un taller medio, que no cobra más que lo que consume de luz y que trabaja 24h al día. Lento, sí, pero ni se pone enfermo ni te pide mejoras salariales ni va a la huelga. El vídeo se pregunta qué pasará con esos millones de puestos de trabajo que se perderán.

Hace algo más de un siglo, durante la segunda revolución industrial, la gente se planteaba algo parecido. Y aquí estamos.

No voy a ser frívolo y decir "no se preocupen: la expansión de los robots no tendrá efecto en los trabajos de la gente", porque sería una estupidez. Tampoco voy a decir que esos 70 millones de conductores profesionales y empleados de seguros automovilísticos no deberían ir replanteándose el futuro. Deberían. Y rápido. Léanme claramente, camioneros: ¡Fórmense rápido y planifiquen una estrategia a 10 años, porque en ese tiempo la mitad de ustedes estarán sin trabajo! Asusta, ¿a que sí? Lo que me gustaría es comentar la parte del problema que la gente no suele considerar. Lo que la gente no piensa es que dentro de 100 años, como mucho, tras los robots aparecerá alguna otra cosa que dejará en la calle a otra millonada de personas. Y cada vez la millonada será, probablemente, mayor. Lo curioso es que la solución la podemos poner en marcha hoy. De hecho, o la ponemos en marcha o nuestros bisnietos las pasarán canutas... otra vez.

Cuando hay un desarrollo tecnológico, está impulsado normalmente por un motivo económico. Digo normalmente porque no siempre es así, pero vamos... un altísimo porcentaje de las ocasiones. Imaginen una empresa. 200 trabajadores, de los que 160 son mano de obra poco cualificada. Pero son 160 salarios. Así que el equipo directivo, esos 40 mandos medios y altos, deciden invertir en tecnología. ¿Creen que mejorarán la velocidad a la que se hacen sus presentaciones? Normalmente, invertirán en cambiar la productividad de su fuerza de trabajo mayor y, además, la de mayor coste para la empresa: los trabajadores poco cualificados. Además, la tecnología para sustituir a un trabajador muy cualificado suele ser más cara que la equivalente a un trabajador que coloca botellas en una cinta sinfín. Así que los mandos de nuestra empresa desarrollan con una universidad un robot capaz de hacer lo que 40 empleados. Y esos 40 a la calle. Subvención por I+D, ahorro... Una jugada genial. Y lo es. En serio. ¿Alguien puede reprochárselo? Al fin y al cabo, piensen qué harían si fuesen los dueños de esa empresa: su competencia va a hacerlo, y producirá lo mismo (o más) con menor coste, reduciendo el precio de los bienes que venden. Si no toma ese tipo de decisiones, está usted en un aprieto, amigo.

Pero eso no lo hace una empresa: lo hacen todas. Y en total no se despide a 40 personas: se despide a 40 millones. Entonces, ¿por qué a los 50 años no queda nada de esa crisis? ¿Por qué los hijos de esos trabajadores no están todos en el paro (ya lo estarán los bisnietos, a los que pillará otra crisis similar)? Pues porque el mercado se acaba auto regulando. Al final, los hijos de estos señores reciben una formación mejor adaptada a los nuevos tiempos. Las nuevas tecnologías se aprovechan y se generan puestos de trabajo nuevos, que exigen una formación diferente. Esos 40 millones de parados deben dar de comer a sus familias y aprenderán lo que sea para volver a trabajar. Y lo harán. Habrá una crisis gorda, gordísima, pero las aguas volverán a su cauce. Al fin y al cabo, los conductores profesionales de hoy quitaron antes puestos de trabajo a los encargados de caballerizas, jinetes del poney-express, cocheros de carruajes...

Pero la gente lo ha pasado mal. Muy mal, debido a un adelanto tecnológico. A cuatro generaciones de aquella segunda revolución industrial, todos la vemos como positiva, pero apuesto a que por aquel entonces mucha gente echaba pestes sobre las máquinas, la electricidad y los motores de combustión.

Definamos claramente las cosas: El problema no es tanto que la gente se quede sin trabajo como que la gente que lo hace sea incapaz de encontrar uno nuevo. Si los 40 empleados de nuestra empresa fuesen capaces de adaptarse y, conocedores de las particularidades de su trabajo, montar una compañía de innovación que ayude a mi empresa y otras similares a mejorar equipamientos, ¿a que ya no nos sentiríamos mal? Por supuesto que no. El impacto negativo, tanto social como económico, no proviene de la incorporación de una nueva tecnología, sino del tiempo necesario para que el mercado laboral se adapte al cambio. El reto, pues, consiste en reducir ese tiempo al mínimo posible, de forma que la gente que se va quedando en paro encuentre trabajo cuanto antes. Una nueva tecnología genera una enorme cantidad de posibilidades, que cualquiera con suficiente formación puede aprovechar. Pero, normalmente, cuando la tecnología sale al mercado no hay tantos profesionales como para aprovecharla al máximo. Irónico, ¿no? Por un lado hay más gente innecesaria y por otro se necesita a más gente.

Y es que el problema no es tecnológico: es de formación. El problema es que la gente encuentra trabajo, se casa, tiene niños y entra en una vorágine de tareas y días llenos de estrés en los que lo último en que piensa es en aprender algo nuevo. Si le preguntas dirá que sí, por supuesto, aprender es importante. Pero no es prioritario: la realidad es que ir a recoger a sus hijos al colegio, realizar su trabajo diario, prepararse la cena y descansar tras días y días así es siempre más importante. Y lo es, no nos engañemos. Pero de pronto alguien llega y le dice "en 10 años se queda sin trabajo". La mitad, aunque nos sorprenda, dirá "pues ya veré entonces lo que hago". A los 5 años, esa mitad estará preocupada. A los 8 muerta de miedo. Y querrán aprender de golpe cosas nuevas que chavales de 30 harán mucho mejor. A los 10 estarán en paro. Si con esos 10 años vista hubiesen aprendido más, probablemente habrían ido viendo la utilidad a las nuevas tecnologías. Seguramente, con su experiencia en el sector más de una empresa tecnológica les habría contratado. O podrían haber montado una consultora. O, simplemente, se habrían planteado otras opciones.

El problema es tanto mayor cuanta mayor es la diferencia entre la formación que uno tiene y la que necesita para encontrar un nuevo trabajo. Por eso hay que reducir esa diferencia y, para ello, hay que estar formándose siempre. Pero esto es algo que ni socialmente ni culturalmente ni legalmente está considerado. Las empresas deben pagar al trabajador por formación, pero todos sabemos lo que pasa con ese dinero: acabamos comprando leche, el coche nuevo o el piso.

¿Y por qué no hacemos cursos? Entre otras cosas, porque no tenemos tiempo. Además, la universidad está llena de chavalines. Sus profesores dan clase a alumnos de entre 18 y 28 años. ¿Imaginan ir con los casi 40 tacos que tengo a una universidad a empezar a aprender algo que me guste, pongamos... biología? Ni de guasa. La universidad, en términos generales, no está pensada para mí. Ni respeta mis horarios ni los de mis hijos. Formarse hoy es una inversión cara, tanto en tiempo como en dinero, y no debería serlo. Debería ser lo normal. Lo habitual. Lo socialmente aceptado. La gente debería sorprenderse de que alguien no esté estudiando algo, llámese carrera, curso de postgrado o lo que quieran. Deberían tratarle como un suicida o alguien con mucha suerte, que puede permitírselo y sabe que podrá el resto de su vida.

Cuando hablamos de formación, yo el primero, solemos pensar en el futuro de nuestros hijos, no en el nuestro. Sé de muchos sectores que deberían pensar que tienen los días contados. Hemos mencionado a los conductores y todos los servicios asociados: vigilancia de tráfico y aparcamientos, seguros automovilísticos... El mantenimiento también se vería afectado, porque los coches autónomos no solo tienen menos accidentes: además conducen mejor y mantienen mejor el coche. Pero, ¿qué pasa con la industria que gana dinero fabricando piezas pequeñas y recambios domésticos? Las impresoras 3D ya están aquí. Y están para quedarse: en MediaMarkt ya venden un par de modelos. ¿Cuánto creen que tardarán en hacer impresoras de cristales para gafas? O en que podamos usar nuestra impresora 3D para ello. Si tenemos el informe oftalmológico de nuestro ojo, bajamos un modelo de montura que nos guste de internet y la imprimimos. Luego descargamos un programa para imprimir lentes y hala... Ya tienes tus gafas hechas en casa. ¿Qué queda para eso? ¿20 o 30 años? Y ya hay una impresora que fabrica casas (por si los obreros de la construcción no hubiesen tenido bastante). ¿Un anillo de boda? Imprime. ¿Bisutería? ¡Imprime! Los robots de limpieza son más comunes, pero aún tienen que evolucionar. No creo que tarden más de 10 o 15 años en fabricar un robot que realmente pueda mantener la casa reluciente, incluyendo mobiliario, encimeras y escaleras. Adiós, empresas de limpieza. Maquinistas ferroviarios, pilotos de avión, repartidores, gran cantidad de administrativos... El número de trabajos que hay en riesgo hoy día es muy elevado.

Pero la gente no se forma, y no lo hace porque el sistema no está pensado para ello. Y el sistema no está pensado para ello porque, hasta ahora, lo normal es que la gente viviese de su profesión toda su vida. Y eso es así cada vez menos. Hace falta que nos convenzamos de que el futuro es cada vez más frágil. El cambio debería ser algo plenamente aceptado en nuestra vida. España, país de funcionarios, es un caso grave de búsqueda de la estabilidad huyendo del cambio. Nos quejamos cuando alguien ataca nuestras acomodadas vidas. No nos damos cuenta, y el vídeo con que comienzo el post tampoco, de que no es que debamos adaptarnos al cambio que viene: debemos hacer del cambio nuestra forma de vida. Toda esa gente que he mencionado, desde conductores de autobús a fabricantes de lentes, se quejarán el día que haya máquinas que hagan su trabajo. Exigirán la creación de un órgano colegiado, el pago de cánones por compra de impresoras 3D o la penalización del material que se usa para hacerles la competencia. Pero la realidad es que no necesitarían protestar si nuestra sociedad aceptase el cambio como parte del sistema económico en que nos movemos.

La gente debería tener tiempo para estudiar, y los organismos que se dedican a la formación tendrían que diseñarse para acomodar a grandes y pequeños. Sé que implica una pérdida de productividad, y que las empresas inicialmente pondrán el grito en el cielo, pero al final repercutirá en beneficio de todos: adaptarse será más fácil, competir y no perder el ritmo de la competencia también. Los altibajos en la demanda debidos al impacto de las nuevas tecnologías se reducirán, y el nivel de tranquilidad y productividad de los trabajadores será mayor.

La formación es importante... ¿para nuestros hijos? Sí. Para nosotros, también.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Haciendo historia

Hace casi cinco meses, inicié este blog, Incasequible, con una entrada que, curiosamente, ha sido la más leída hasta el momento. El tema eran los videojuegos y por qué la gente considera negativo jugar a ellos y no a otros como el ajedrez. Por qué jugar a videojuegos tres horas es vicio y estar cinco dándole al balón no.

El día que publiqué el post un tal Pablo comentó que se ofrecía a dar clases de Dota o Starcraft a mi hijo mayor. Lo que en los comentarios no aparece es que, tras conocerle, acepté. El miércoles pasado, 1 de octubre, mi hijo inició su "extraescolar de Dota", que más bien es una clase particular. Pablo cobra su hora semanal (debo decir que ha sido muy generoso con el precio, que no creo que sea alto) y enseña algo que le apasiona a un niño que también es un apasionado. Mientras escribo este post están los dos "doteando" juntos.

El viernes siguiente, jugué con mi hijo y debo decir que le vi detalles que me sorprendieron. Para colmo, me aleccionó alguna vez (con 9 años... Sabía que ese momento llegaría, pero no esperaba que tan pronto). Le vi contento, satisfecho, orgulloso. Y yo me sentí feliz de verle no solo disfrutar con una pasión, sino, además, mejorar en ella de la mano de alguien que sabe.

Sé de países donde los chavales reciben clases de videojuegos, y donde incluso hay pisos, a modo de residencias, donde los integrantes de un equipo viven juntos: comen, estudian, duermen y entrenan juntos. Esos pisos comunes tienen al frente a un entrenador y, en ocasiones, un equipo de promoción y organización detrás. Son profesionales.

Yo no aspiro a eso con mi hijo, aunque no me negaría a que se dedicase profesionalmente si así lo desea (¡menuda experiencia!). Lo que sí reivindico es que, habiendo como hay extraescolares y profesores de otros juegos y deportes que todos aceptamos, los aficionados a los videojuegos tengan esa misma oportunidad.

Creo que en casa estamos haciendo un poco de historia. Historia del videojuego en España, en cierto modo y a muy pequeña escala. No tengo noticia de otro caso de clases particulares de videojuegos para niños en nuestro país. Padres de mi urbanización y cercanos a nosotros se sorprenden de las clases de mi hijo. Pero su sorpresa da la oportunidad de comentarlo, explicarlo y darlo a conocer; de mostrar a una parte pequeña de nuestra sociedad que esta posibilidad existe y es igual de aceptable que las clases de chino en el colegio.

Hasta que se extienda esta idea, mi hijo dará clases de Dota en solitario. Una pena, porque es un juego de equipo: cinco contra cinco. Y nos faltan cuatro compañeros. Pero es un comienzo, una ruptura de los estereotipos y los prejuicios. De momento, es bastante, aunque reconozco que me gustaría ver evolucionar todo esto hacia la formación de un equipo y, por qué no, más campeonatos nacionales y afición, mucha afición.

Gracias, Pablo, por la oportunidad. El resto de España, que se anime. Y yo me voy a ver si terminan estos dos la clase porque son capaces de tirarse media hora más de lo acordado dándole al Dota.


Por cierto: si alguien se plantea animarse, el juego es gratuito. Hace falta un PC corriente, una hora semanal (los miércoles, de 6 a 7 de la tarde) y muchas ganas. Dota es en equipo, y aprenden mucho sobre colaboración, porque cada jugador tiene un papel, y es clave que lo haga bien en beneficio de todos. Si alguien quiere, que comente abajo y lo hablamos.

miércoles, 23 de julio de 2014

Análisis del vago

Yo fui escolarizado, como todos, cuando era niño. Pasé de ser de lo mejor de clase en primero y segundo de lo que hoy es primaria a, empeorando progresivamente, ser lo peorcito de clase en sexto, cuando toqué fondo y terminé el curso con más de la mitad suspendido. Curiosamente, ya sabía programar, y me encantaban las matemáticas: leía libros de lógica de Raymond Smullyan y divertimentos matemáticos de Martin Gardner. Cuando tenía 15 años me pregunté cómo podía funcionar una calculadora solo con electricidad. En vez de ir a una biblioteca (algo desconocido para mí por aquel entonces) o de irme a Internet (que nadie tenía en casa), me planteé redescubrir la electrónica y hacerlo yo solo. Y como tenía conocimientos de código binario gracias al manual de mi Amstrad y sabía lo que era un electroimán, lo conseguí y diseñé una máquina capaz de sumar números del 0 al 15 siempre, eso sí, que estuviese en posición horizontal. Años después me di cuenta de que la electrónica era "otra cosa", pero nadie me quitará nunca la satisfacción de haber diseñado de cero una máquina para sumar. Eso sí: no dejé de suspender, y llegué a COU (lo que hoy es 2º de Bachillerato) de milagro.

He iniciado varias carreras y, como era bastante tonto cuando era joven (más que ahora, quiero decir), no terminé ninguna. La primera, Ciencias Matemáticas, porque fue la asignatura en que mejores profesores tuve en bachillerato y COU. La asignatura me entretenía y los profesores (el "Trivi" y "la Mamá") me enseñaban y animaban en mi aprendizaje. Hoy sé que no es la carrera que debí hacer, aunque me ha venido muy bien en mi profesión. Una vez terminado el primer ciclo de matemáticas, decidí estudiar algo de letras, y me metí en Ciencias Políticas. Como, tras el primer año, me quedé sin un duro para estudiar, acabé optando a una beca que me llegó por casualidad y terminé cursando Humanidades. No acabé, claro, aunque esta vez por motivos personales. Lástima, porque no llevaba mal expediente: incluso alguna matrícula. Pero claro, me gustaba.

Yo, tengo que reconocerlo, soy un despojo del sistema educativo. Trabajo en aquello que aprendí a los 10 años con un libro que me prestó mi primo y sin ordenador: programar. El resto me ha servido, como suele decirse, para tener "cultura general". Y mi universidad, mi verdadera universidad, ha sido mi padre, quien me ha enseñado más cosas útiles para mi trabajo que todos mis profesores juntos.

Lo sé: empecé con las mismas oportunidades que otros compañeros que hoy son ingenieros o tienen empresas. Pero la realidad es que sus capacidades y su carácter estaban más amoldados y mejor adaptados al sistema que las mías. Las suyas les permitieron pasar por el sistema y aprovecharlo. Eran parte del prototipo voluntarioso para el que está diseñada nuestra educación. Me encantaría haber tenido una voluntad férrea, entre otras cosas porque no estaría donde estoy ahora, frustrado laboralmente. Desearía haber sido capaz de dedicar horas y horas a tediosas tareas que no me motivan para lograr un objetivo concreto, pero, simplemente, no podía. Como no pueden miles de alumnos a día de hoy.

Quien es capaz de resolver un problema de matemáticas con facilidad no suele entender que otros no lo hagan. Todos vemos sencillo lo que hacemos de forma natural y nos preguntamos por qué otros no hacen lo mismo. Y la voluntad no es muy diferente, pero sí es percibida de manera distinta. Quienes son capaces de echar horas de estudio no entienden que a otros nos cuesta horrores. Ellos lo ven fácil: llegan y se ponen. Conocemos la campana de Gauss que se pinta para hablar del cociente intelectual, y la educación se amolda a los extremos preparando sistemas alternativos de educación especial. Pero la misma gráfica podría dibujarse para la voluntad. Sin embargo, no hay educación especial para quienes están en el extremo izquierdo de la campana: quienes se dispersan fácilmente y no tienen voluntad alguna.

Y así nace la figura social del vago. Algún mecanismo químico, neurológico, hace que los vagos sean como son. Suelen necesitar cambiar continuamente de actividad, por lo que es difícil que terminen algo. Empiezan cualquier cosa y, entonces, se entretienen con nada, porque su cerebro es incapaz de mantenerse de forma constante centrado en cosas que no les motivan lo más mínimo. Y sí: la voluntad se cultiva. Todos podemos cultivarla. También podemos mejorar nuestras capacidades matemáticas o lingüísticas. Poco a poco, quien tiene ciertas carencias puede entrenar su cerebro para cubrirlas con los mínimos indispensables para ser útil y vivir feliz. Pero el sistema está pensado para tener un filtro constante: la voluntad. Si no estás dotado para las matemáticas o la lengua no pasa nada, porque los profesores lo entienden. Te costará mucho, pero a fuerza de voluntad pasarás los exámenes, aunque sea aprendiéndote de memoria párrafos enormes de historia o la resolución de un problema tipo en matemáticas. Si no estás dotado, la voluntad te permitirá seguir. Si lo estás, la voluntad se te exigirá. La voluntad es el principio fundamental de nuestro sistema.

La razón de esto es que nuestra educación nació gracias a la entonces incipiente burguesía del siglo XIX. Esa gente eran personas del pueblo llano que accedieron al poder por medio del dinero. Tenían empresas, talleres... Un negocio familiar. Trabajar en él seguramente era un auténtico peñazo para cualquiera, pero era la forma que tenía la familia de subsistir, así que los padres pasaban los negocios a sus hijos, y éstos a sus hijos... Esa burguesía no tenía tiempo para educar, así que les mandaban a un colegio. Esos colegios de nueva planta garantizaban que los niños tenían lo necesario para continuar la labor de sus padres: aritmética básica para llevar las cuentas, humanidades para poder ir a fiestas y entablar conversación sin quedar en ridículo y, por encima de todo, la férrea voluntad. Ese niño iba a convertirse en un auténtico empresario, dispuesto a tirarse horas entre papeles para sacar adelante un negocio familiar que, en muchos casos, les importaba un comino. Para eso debía de necesitarse mucha voluntad, sí señor.

Para realizar cualquier tarea el ser humano necesita una de dos: voluntad o motivación. Si tiene un mínimo de cualquiera de las dos podrá realizar la tarea de turno. La voluntad sirve para cualquier cosa: es polivalente. Igual te permite dedicar horas a revisar listados numéricos que a estudiarte los reyes godos. Pero la motivación no: depende de la tarea. Unas actividades nos motivan y otras no. Así pues, la voluntad constituye un poderoso aliado, porque con ella lograrás hacer cualquier cosa. Por otro lado, la motivación tiene sus grandes ventajas. La más importante es la productividad. Una tarea realizada tirando de motivación se hará de forma más productiva que si la llevas a cabo utilizando tu fuerza de voluntad.

Motivaciones puede haber muchas, desde que te estén apuntando con una pistola hasta que te guste lo que haces. Pero, presuponiendo un entorno de libertad, la motivación tiene otra gran ventaja, y es que genera felicidad: mientras pasar un exceso de tiempo tirando de voluntad acaba frustrando y generando infelicidad, la motivación hace todo lo contrario. Con ella nos sentimos satisfechos y contentos al realizar tareas para las que tenemos una gran motivación.

La capacidad de trabajo de una persona es el resultado de utilizar la voluntad o la motivación (o ambas). No debe pensarse que alguien con poca voluntad no tiene capacidad de trabajo, porque es perfectamente capaz de realizar tareas impresionantes. Lo que pasa es que no los realiza más que cuando está motivado. Yo mismo, con poca voluntad, me he tirado horas y horas trabajando en muchas ocasiones y no tengo problema en hacerlo en casa, tranquilamente, cuando por las noches me dedico a programar cosas que me gustan.

Como decía un amigo, yo "soy un poco vaguete". De acuerdo, pero también soy muy creativo. E inteligente. Mi visión espacial y pensamiento abstracto son considerablemente altos. ¿No creen que todo eso podría haber sido mejor aprovechado? Es más, permítanme una pregunta: ¿no les parece que, si sumamos los talentos de todas esas personas faltas de voluntad y a las que nadie ha ayudado a tenerla, suman muchos, pero muchos, recursos tirados? ¿No merece la pena aprovecharlos?

Todos tenemos habilidades, talentos. Todos. Y yo diría que por igual: Quien no tiene creatividad a lo mejor tiene don de gentes. Quien no tiene voluntad tal vez posea una gran capacidad matemática. El que tenga problemas con la historia es posible que posea una enorme persistencia. Todos tenemos grandes talentos. Nuestro sistema educativo debe ser capaz de detectarlos y explotarlos. Eso no quita para que todos desarrollemos un mínimo las cualidades para las que menos dotados estemos, pero ¿realmente es rentable exigir un mínimo de cada una y, con ello, desaprovechar los talentos de quienes no pasen por nuestro corte?

Este post no pretende ser una reivindicación de los que no tenemos una gran fuerza de voluntad. Yo la he echado de menos y lucharé por conseguir que mis hijos la desarrollen, aunque uno de ellos no parezca naturalmente dotado para ello. Tener un mínimo de voluntad es extremadamente útil, entre otras cosas porque nada garantiza que vaya a trabajar en algo que le apasione. Allí donde no tenga motivación deberá aprender a encontrarla. Donde no la encuentre, deberá aprender a tirar de la poca voluntad que tenga. Pero, en cualquier caso, eso no quita para que le enseñe que, pese a que no consiga desarrollarla, tiene su espacio en esta sociedad, pese a que en el colegio parezcan empeñados a veces en demostrarle lo contrario.

viernes, 13 de junio de 2014

Un pensamiento sobre la madurez

Ayer tuve tutoría con la profesora de mi hijo mayor. En cierto momento me comentó que el niño es un poco inmaduro, y añadió que lo agradece porque "aún tiene esa curiosidad por todo típica de la inmadurez". Por lo que me comentó, según los chavales maduran pierden esa curiosidad y se vuelven más pasotas en el colegio. Y lo atribuye a la madurez. La madurez, para ella, implica pérdida de curiosidad. Me pareció triste. Y así va nuestro sistema educativo. No creo que hagan falta más comentarios, pero por si acaso diré que no estoy de acuerdo y que la pasividad la consigue el colegio, no la madurez.

Me acordé al salir de la tutoría de cierta sensación que tengo a veces con algunos vecinos. Yo trabajo en software. Visto camisetas (ahora mismo llevo una de la Casa Greyjoy) y vaqueros viejos, me encantan los videojuegos y los juegos de tablero y rol. Tengo curiosidad por todo y recorro la Wikipedia en busca de información sobre los más diversos temas. Igual estoy mirando recetas de cocina que leyendo artículos sobre genética, química, astronomía, lingüística, arquitectura, ingeniería... Todo me gusta. Ellos, sin embargo, suelen vestir trajes caros, trabajan en multinacionales dedicadas al derecho, la ingeniería, farmacéuticas, bancos, aseguradoras o grandes consultoras. Ninguno juega a nada, que yo sepa. Llegan tarde de trabajar y se excusan cuando comentan que sus hijos le dan alguna vez a la consola. Y sí: siento cuando hablo con ellos que algunos me tratan como si yo fuese más inmaduro. Tal vez un bala perdida, un fracasado...

Son gente madura, supongo.

Así que hijo, si eso es la madurez, tu padre es un inmaduro y está orgulloso de ello.

No madures nunca.

jueves, 12 de junio de 2014

Guía para padres sobre videojuegos: Series LEGO

De la mano de TTGames, LEGO ha dado un paso importante en la expansión de su negocio al mundo de las consolas. De una forma divertida, con un extraordinario diseño al más puro estilo LEGO, los niños pueden disfrutar de franquicias conocidas como Star Wars, Marvel, El Señor de los Anillos o Harry Potter.

Los Juegos

No hablamos aquí de un juego, sino de muchos. Cualquier videojuego de LEGO para consolas. No hablo de los casuales para tablets: solo las grandes versiones para consola desarrolladas por TTGames. Lo más importante, que me hace recomendarlos para niños es que, aparte de ser muy entretenidos y estar llenos de humor, son cooperativos. En mi opinión, el juego cooperativo es un gran invento, que realmente ayuda mucho a los niños a aprender a trabajar en equipo.

El juego está calificado por el sistema PEGI como de 7 años porque contiene escenas que pueden dar miedo a los niños de menor edad y porque tiene violencia. Debo decir que la violencia que contienen es totalmente de dibujo animado, no más allá de lo que se ve en Tom y Jerry. Los muñecos se deshacen en piezas y, claro está, no sale nada de sangre. Algunas batallas que los prpios niños monten en su habitación con sus LEGO o figuritas de Playmobil puede tener más violencia. Sobre dar miedo, depende mucho del niño y del juego. Tratan las cosas con tanto humor y con personajes a los que normalmente están tan acostumbrados que mis dos hijos con 5 y 7 años se han pasado el LEGO Star Wars III sin un solo síntoma de susto.

Los juegos se dividen normalmente en cuatro partes. Primero está la historia. Los jugadores deben ir recorriendo una serie de misiones hasta terminar un guión completo que conforma la historia que cuenta el juego. A veces hay dos versiones de la historia: la de los buenos y la de los malos, pero en cualquier caso son una serie de misiones a terminar por orden con personajes fijos en cada una. La segunda parte es hacer esas mismas misiones, pero en lo que se llama el modo libre. En este modo puedes elegir los personajes con los que jugar, e incluso cambiar de personaje durante la misión. El objetivo es desbloquear tesoros y ladrillos de LEGO especiales que con los personajes del modo historia no se pueden obtener.

Con eso ya hay para jugar horas y horas. Sin embargo, la gente de TTGames se las ha arreglado para darnos aún más tiempo de diversión. Los juegos, según el título tienen también misiones laterales, que se van desbloqueando a medida que avanzas en los modos historia y libre. En esas pequeñas misiones puedes conseguir nuevos personajes o vehículos para ir completando toda una colección. Por último, todos los juegos de LEGO tienen, desde hace ya algunos años, un lugar desde donde accedes a las misiones. Ese lugar, que recorres entre misión y misión, en los primeros juegos de LEGO no existía: simplemente era un menú. Elegías empezar una misión, ver la colección de personajes, etc. Luego, sobre todo en el primer LEGO Batman, lo hicieron mayor: podía recorrerse la batcueva. Es lo que se llama el lobby de juego: En un sitio del lobby (la batcueva, en este caso) accedes a las misiones. En otro ves tu colección de personajes. En otro, los vehículos... Por fin, a partir de LEGO Batman 2, lo que tenemos es toda una ciudad para visitar. Las misiones están repartidas por toda la ciudad y se van desbloqueando según terminamos las anteriores. Es un escenario enorme que explorar aparte de las misiones. En esos extensos lobbies encontraremos muchas cosas escondidas, lo que nos proporciona aún más tiempo de entretenimiento.

Franquicias

Los juegos de LEGO se dividen en lo que se llaman franquicias, esto es, universos temáticos en los que se basa el juego. Una franquicia es la de Star Wars, con todos los juegos hechos de ese universo. Otra será Harry Potter, con todos sus juegos, etc. Son muchas, y todas ellas extensas y muy buenas:

Star Wars
¿A sus hijos les gusta Star Wars, ya sean las películas o las series de dibujos "Las Guerras Clon" o "Rebels"? ¿Les piden que les compren kits de LEGO temáticas de Star Wars? Pues esta opción es la mejor. Tiene tres entregas, de las que yo recomiendo la última, "Star Wars III: The Clon Wars", porque mejora mucho el modo multijugador respecto a las dos anteriores.
Batman
Recorrer las calles de Gotham en batmóvil es posible en este juegazo de LEGO. Igual que en LEGO Star Wars, tiene tres títulos. En la última entrega, además, Batman se une a una ingente cantidad de personajes, que habrá que buscar por Gotham y más allá.
Harry Potter
Si su hijo es un seguidor, y no digamos lector, de las aventuras de Harry, Hermione y Ron, esta serie de dos juegos es para él. El primer título cubre los años 1 a 4, y el segundo los años 5 a 7. Hechizos, aventuras y mucha emoción en esta serie de LEGO.
Marvel
La caña. Reconozco que, hasta el momento, es el videojuego de LEGO que más me ha gustado. Mis hijos y yo aún no hemos conseguido el 100%, pero estamos muy cerca. Todo Nueva York está disponible para explorar: se puede recorrer el helitransporte de S.H.I.E.L.D., ir a la Torre Stark, a la mansión X, el Edificio Baxter... Más de 100 héroes y villanos con los que jugar, una campaña larga, una enorme cantidad de aventuras que encontrar por la ciudad... Muy bueno.
El Señor de los Anillos
Siendo friki de Tolkien, de los que se leen con gusto El Silmarillion, es curioso que no haya jugado a ninguno de los títulos de esta franquicia. Supongo que es porque aún no he introducido a mis hijos en este mundillo. Esta franquicia tiene dos juegos: "EL Señor de los Anillos" y "El Hobbit".
Indiana Jones
Con dos títulos, se trata de una franquicia antigua, sin títulos recientes. Si se adquire alguno, recomiendo que sea el segundo, porque fue el primer videojuego de LEGO que divide la pantalla en modo cooperativo. Hasta entonces, los jugadores se veían forzados a mantenerse cerca uno de otro, lo que entre niños podía generar algún roce que otro. Pese a todo, no dejan de ser muy divertidos y, para los niños, una buena forma de aprender a cooperar.
Piratas del Caribe
En este juego (es solo uno: no tiene segunda parte), me maravilla el increíble parecido entre los movimientos de los personajes y los de las películas. El juego es divertido, muy entretenido, aunque mis hijos prefieren jugar de nuevo uno de Star Wars o Marvel que al Piratas del Caribe. No llegamos a terminarlo...
Otros títulos
Aparte de franquicias basadas en películas de terceros, también hay videojuegos basados en otros productos, como Ninjago, Chima, Rock Band, Bionicle, "The LEGO Movie", LEGO City...

Beneficios de los videojuegos LEGO

Considero que los beneficios de jugar a estas series de juegos son:

  • Trabajo en equipo. Si se juegan en modo cooperativo, los jugadores deben coordinarse bien en favor de un objetivo común. Poco a poco irán cogiéndose el tranquillo el uno al otro e irán trabajando mejor juntos. La diferencia de edad puede ser un obstáculo si el menor aún tiene problemas de comprensión de las tareas o de manejo del mando. Pero si ambos tienen edad suficiente (digamos, más de 6 años), pueden lograr un trabajo fluido.
  • Resolución de problemas. Estos juegos están repletos de rompecabezas que hay que resolver. Algunos de ellos implican usar la lógica. Por ejemplo, si un personaje debe pasar por una puerta y hay llamas, el muñeco no podrá pasar. Pero, ¿cómo apagar las llamas? A lo mejor hay aspersores en el techo y, siguiendo una tubería puedes encontrar una palanca donde activarlos. Los niños deben pensar y razonar para resolver algunas partes del juego. Eso implica que, dependiendo de la edad, puede que tengamos que estar disponibles por si no se ven capaces de alcanzar algún objetivo.

Aprender a Jugar

Los videojuegos de LEGO son muy sencillos. Hablamos especialmente de consola, así que la dificultad única suele radicar en el manejo del mando. A partir de los 5 años, menos incluso, los niños pueden jugar a todas estas series, aunque en ocasiones puede serles complicado pasar algunas partes, ya sea porque exigen cierta coordinación con el mando (saltos especiales, atravesar una pasarela...) o porque no llegan a entender lo que hay que hacer, pero eso a los 6 años está resuelto.

En cualquier caso, si se atascan en un juego y no sabemos cómo salir del paso, la web está llena de guías. Busque el nombre del juego añadiendo "guía" o "walkthrough" y tendrá vídeos y páginas llenas de información sobre cómo conseguir cada una de las misiones o desbloquear a cada uno de los personajes.

Y, si aún así tienen dudas, pongan un comentario en este blog y trataré de echar una mano.

Comprando videojuegos de LEGO

Están disponibles para PC (algunos a través de Steam) y consola (XBox, PS, Wii y Nintendo DS, normalmente). Mi recomendación en este caso siempre es la consola. En PC se puede jugar, pero se pierde en gran medida el cooperativo, salvo mediante conexión de dos PC. Si tiene dos PC, adelante, pero claro: deberá pagar dos licencias.

El precio de estos juegos puede variar enormemente según la plataforma. No es lo mismo un juego para XBox ONE, que suele estar por encima de los 50€, que para PC -30€- o Nintendo DS -25€-. Además, como en todos los títulos, depende de cuánto hace que salió el precio será mayor o menor. Cuando se anuncia que va a salir un juego de una franquicia, normalmente el anterior baja drásticamente de precio. Aún así, un juego no suele bajar por debajo del 50% de su precio inicial si no es de segunda mano.

Conclusiones

¿Tiene hijos consoleros, pero está cansado de tener muñecos de Skylanders y Disney Infinity por toda la casa? Entonces, los videojuegos de LEGO son una gran opción. No digamos si tiene al menos dos niños. Cooperativos, largos, emocionantes y divertidos. Sus hijos disfrutarán de sus héroes favoritos en un mundo familiar y agradable como es LEGO.

Para padres, abuelos, tíos... Quien quiera regalarles algo y no sepa qué, un videojuego de LEGO es siempre una apuesta segura. Sólo entérense de a qué consola juega y cuál de los títulos no tiene aún. A partir de ahí prácticamente cualquier juego de LEGO será una maravillosa fuente de entretenimiento.

Si tiene un rato con sus hijos, aunque no sea jugón recuerde que compartir momentos con ellos es estupendo: ¡cojan un mando y disfruten!