miércoles, 17 de diciembre de 2014

El buen programador

A mí, programar me gusta. No considero que sea mi trabajo ideal, porque hay cosas que me gustan más, pero me gusta. De hecho, en el trabajo de programador hay tres vertientes. Una me apasiona, otra me encanta y la tercera la detesto. En general, no me considero un gran programador.

En primer lugar, me apasiona conocer las necesidades del usuario, entender sus problemas y diseñar soluciones óptimas para él. Resulta apasionante conjugar las necesidades del usuario con una buena arquitectura de código y negociar con la parte más técnica de la empresa las soluciones que se necesitan. Realmente, esta tarea no es puramente del programador, sino, según la organización de la empresa, del jefe de proyecto, el project owner o el business analyst, que es la función en la que yo más encajo.

En segundo lugar, me encanta el desarrollo de arquitecturas buenas y algoritmos que solucionan problemas. Es como jugar a un rompecabezas apasionante. El diseño de soluciones técnicas es fascinante, sobre todo cuando las condiciones que se exigen son muchas o complejas. Eso hace la labor aún más interesante. Además, en general no se me da mal, lo que siempre lleva a una mayor satisfacción personal.

¿Y qué es lo que detesto? Pues tirar código absurdo. Escribir para nada. Teclear cientos o miles de líneas cuando, como suele pasar en mi lugar de trabajo, hay un 90% de probabilidades de que no se usen jamás. A veces, cuando lo que haces es aplicar una solución a un problema, te motiva porque estás pensando en ver la solución en marcha. Pero cuando las cosas pasan a ser tonterías sin ningún estímulo intelectual, simplemente no puedo con ellas. Así que, más bien, no detesto tirar código: detesto tirarlo en mi empresa.

En la empresa en que trabajo, como digo, esta tarea se come la mayor parte del tiempo, lo que hace que mi productividad descienda rápidamente. Además, como me gusta el código modular y fácil de mantener, suelo dedicar algo de tiempo extra a conseguir que los proyectos estén bien hechos, sobre todo porque luego hay que cambiar muchas cosas y cuesta el doble o triple de lo que costó el desarrollo inicial. Aquí eso no se estila. Somos los reyes del quick & dirty: si luego cambian, ¡pues ya lo veremos entonces! Y luego nos ganamos fama de lentos ante marketing, o tenemos que decir que "no" a todo lo que piden porque ni habíamos pensado que pudieran pedir lo que siempre piden. Así pues, ante mi jefe pronto me gané la fama de lento y, curiosamente, su juicio ante eso es que no soy un buen programador. Nunca me ha gustado ese juicio. Nunca me ha gustado el quick & dirty. Nunca he encajado con la cultura de esta empresa.

El otro día, nuestro nuevo jefe de operaciones apareció por la cocina y dijo algo similar: "si un programador hace las cosas rápido, es bueno. Si no, pues... no". Es la cultura de la empresa. Y yo me pregunto, ¿qué es un buen programador? ¿Realmente es alguien que implementa una solución rápido?

Entendámonos: cualquiera que haga un trabajo, si es capaz de hacer el mismo trabajo el doble de rápido es mejor. Por narices. A igualdad en todo lo demás, si en una cosa se es mejor, pues se es mejor en términos globales. Lo que pasa es que eso no suele suceder. Cuando digo que en la empresa hablan de rápido me refiero a que, cuando lo dicen, se refieren a que la velocidad es el parámetro, prácticamente único, por el que se rigen. Si tu código no hay quien lo entienda, da igual. Si no se puede mantener, da igual. Si el usuario tiene que hacer ocho clics para una tarea que se le podría apañar con uno, ya ni te cuento. Aquí he tenido que escuchar una frase mítica, que fue algo así como: "A mí la usabilidad me parece una tontería, al final se trata de si lo pueden hacer o no". ¡¡¡¡Pero qué @#$%&!!!! Da igual si es fácil o difícil, si soporte tiene que usar una hoja de papel para apuntar el ID de un usuario para luego buscarlo en otra pantalla... Da igual.

Una nota antes de empezar: no escribo esto para justificar ni argumentar contra la opinión de mi jefe sobre si soy o no buen programador, pese a que no estoy de acuerdo con él.

Así pues, ¿qué es ser buen programador?

Jens "Jeb" Bergensten, desarrollador de Minecraft, dice que "un buen programador es alguien que busca información y a quien gusta el pensamiento crítico". Tras buscar por la web posts sobre el tema y coger al azar seis de ellos, me he encontrado con que cinco mencionan la "búsqueda de información" que Jeb comenta, y los seis hablan de "pensamiento crítico", citándolo como tal o de forma similar. Así pues, ya tenemos dos características. Sobre la velocidad, se menciona en dos posts, aunque uno no habla de rapidez, sino de "atenerse a las fechas".

Me resulta curioso que tres de los posts hablan de la capacidad del programador para comunicarse con el resto. Creo que cualquiera necesita eso, sea programador o no, pero lo que realmente me llama la atención es que de los tres, dos lo describen como "capacidad para enseñar". Esto, en mi opinión, seguramente se debe a que, dada la nula formación que tiene la gente en programación, la comunicación de los departamentos técnicos con el resto suele considerarse del tipo "deja que te explique, porque no tienes ni idea". Mi experiencia como business analyst es que lo habitual es que eso ocurra en ambas direcciones: los demás departamentos también suelen pensar que los programadores son gente cuadriculada que no entiende ni jota de sus asuntos y a quienes, por tanto, hay que explicarles lo básico porque no tienen ni idea. Eso, en parte, es lo que más me apasiona del papel de business analyst. Es como ser un traductor, pero a lo bestia: no solo traduces, que es algo relativamente automatizable, sino que eres capaz de ver los problemas desde dos puntos de vista diferentes, entenderlos y encontrar soluciones. Imaginen una pieza de madera con forma de cuña. Un departamento la ve desde un lado y percibe un triángulo, mientras el otro la ve de frente y percibe claramente un rectángulo. Y tú ves la cuña. Y eres capaz de diseñar soluciones específicas basándote en lo que ves, y de negociarlas para que ambos queden plenamente satisfechos. Es maravilloso, porque entras en un conflicto y sales con una solución que nadie era capaz de percibir y que deja contento a todo el mundo. Y eso es fascinante.

Si hay un project owner o un business analyst, el programador creo que necesita las dotes de comunicación habituales en cualquier profesional. Solo requiere de esas habilidades hasta el punto de mencionarlas en un listado de características del buen programador cuando no existe ninguna de esas figuras y ha de hacerlo el propio programador.

Tres posts mencionan también la estructura del código, y los seis mencionan los errores y su gestión. Cinco mencionan la pasión por la programación (supongo que cualquiera ha de ser un apasionado de su trabajo), dos hablan de crearse sus propias herramientas y otros dos de búsqueda de la perfección.

Mi lista

He aquí una lista de características. Para mí, un buen programador es alguien que tiene suficiente de cada uno de los elementos de la lista, sin primar ninguno sobre los demás y, además, en alguno de ellos destaca especialmente. ¿En cuál? Pues supongo que en el que más se adapte a la cultura de su empresa o el que más útil resulte para el proyecto en que esté trabajando. Habrá programadores en los que prime la velocidad y otros en los que destaque la limpieza de código.

Pasión
Esta es común a todos los demás trabajos que existen en nuestro universo.
Velocidad
Esta también es común a todos los demás trabajos que existen en nuestro universo.
Dotes comunicativas
Esta también es común a todos los demás trabajos que existen en nuestro universo. Lo básico, no hace falta más: como en cualquier otro curro, no exageremos. Y no se trata de enseñar, sino de dejar que te enseñen para conocer las necesidades de tu cliente.
Buena estructura de código
Un código bien estructurado es fácil de mantener y comprender. Y si está comentado, mejor. Y si está documentado, vamos... un altar para el señor.
Capacidad para crear buenos algoritmos
La algoritmia es la base de la buena programación. Hay gente que habla de patrones de código (algo así como recetas para resolver problemas-tipo). Por contra, hay quienes piensan que quien programa con patrones es mal programador. Creo que los patrones es interesante conocerlos, pero quien programa conforme a ellos es porque no suele ser capaz de adaptarlos y generar soluciones más eficientes.
Gusto por aprender
Este mundo avanza muy rápido, y siempre están saliendo nuevas herramientas que es bueno conocer. Además, es bueno tener curiosidad por las necesidades de los usuarios.
Voluntad de hacer herramientas útiles
Solo cuando un programador asume que su herramienta puede ser útil, y tanto más cuanto mejor entienda los problemas de los demás, estará dispuesto a trabajar más para hacer ciertas cosas. Implementar funcionalidades que mejoran la vida de los usuarios normalmente implica más trabajo para el programador. Por eso debe encontrar motivación en la felicidad del usuario y la utilidad de la herramienta.

Y nada más. No creo que mucho más que añadir. Lo de la gestión de errores es algo que, pienso, va con la vocación. Es como decir que un buen albañil necesita ser capaz de poner ladrillos. A ver... Eso no es necesario para ser un BUEN albañil: es necesario para ser albañil.

¿Qué otras características añadiríais vosotros?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Redes sobre los videojuegos

Este blog vio la luz hace unos meses con la publicación de un post sobre videojuegos, sus beneficios y los prejuicios que pesan sobre ellos y sobre quienes los juegan. Hoy, en Facebook, el programa Redes, de Eduardo Punset, recuerda un programa emitido en octubre de 2012 sobre los estudios de la doctora Bavelier sobre los que llama 'videojuegos de acción, como Call of Duty'. Aquí tenéis el vídeo:

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Las próximas elecciones

Una nueva "fiesta de la democracia"

Como tarde, en diciembre de 2015 habrá elecciones a las Cortes Generales. Una nueva fiesta de nuestra democracia. El panorama esta vez ha cambiado mucho. Como era de esperar hace tiempo, el pensamiento general de que la incompetencia nos gobierna ha tomado forma en un partido nuevo: Podemos. Lo que no mucha gente, entre la que me incluyo, esperaba es que ese partido alcance ya en algunas encuestas cifras similares a las de los dos partidos mayoritarios: PP y PSOE. Las reacciones no se han hecho esperar, claro, y esta misma mañana dos compañeros míos salían de la cocina discutiendo sobre los peligros o no de un hipotético gobierno de Pablo Iglesias.

Yo, como buen centrista, miro esto un poco desde mi acostumbrada barrera de quien nunca se siente identificado con nada de lo que hay por ahí. Quien vota lo que mejor le parece según la situación del país. No me identifico con el PP. Tampoco con el PSOE. Ni que decir tiene con Podemos, que es más extremista. Y cuando digo que no me identifico, no me refiero a que no me gusten sus líderes ni cosas por el estilo: es que sus ideologías no comulgan con las mías. Pero claro, lo que pase en las elecciones de 2015 me afectará, así que voy pensando en las opciones.

Creo que la mayor parte de la gente elige su voto sin leer los programas electorales. Y creo que se equivoca al hacerlo, aunque lo entiendo perfectamente, porque quien los redacta suele ser el típico vendemotos que te cuenta solo lo bueno y, si no tiene más remedio que decirte algo malo, lo tergiversa y se enrolla usando términos con connotación positiva con tal de que la píldora pase bien. Pero habría que leerlos. Léanlos, en serio.

Sin embargo, lo que ocupa ahora mismo mis pensamientos no es a quién votaré, sino las consecuencias que tendría un resultado como el que aparece en las últimas encuestas. Según todos los sondeos de intención de voto que se han hecho en los últimos meses, Podemos ha aumentado la intención de voto hasta alcanzar una posición pareja al PP y el PSOE. De ser cierto, estaríamos ante un escenario que no se ve desde las primeras elecciones con nuestra Constitución, donde eran tres los partidos en liza: PSOE, AP y UCD.

Conste que no pretendo expresar opinión alguna sobre ninguna de las fuerzas políticas de las que hablo aquí. Solo analizo las opciones sobre lo que puede ocurrir de aquí a las elecciones y un poco más allá.

¿Qué pasaría si la gente votase como dicen ahora las encuestas?

El partido con más votos no tiene por qué ser el que gobierne. Así, pues, para empezar habría que decidir quién ocupa la Moncloa, algo que se volvería difícil, dado el reparto de votos. Básicamente, dependería del PSOE. Si el PSOE decide que Podemos es el enemigo, podría elegir pactar con el PP (oh, sorpresas de la vida), como ya ocurriese en casos como el de Jesús Gil. Por otro lado, ideológicamente el PSOE es más cercano a Podemos que al PP. Pero claro, eso significaría aceptar un reinado compartido de la izquierda: es duro dejar un trono. Así pues, la primera consecuencia sería una negociación compleja y, tal vez, alguna alianza sorprendente.

Si no se lograse decidir quien gobierna no recuerdo lo que ocurre, pero si no me equivoco hay posibilidad de convocar nuevas elecciones generales. El resultado, claro, podría volverse en contra de Podemos (si hay gente que abandona esa idea porque piensa que el intento ha fracasado) o muy a favor (especialmente si en las negociaciones PP y PSOE se plantean aliarse, lo que sus votantes, sospecho, verían muy negativo).

En segundo lugar, se dificultaría la gobernabilidad. Un partido que no tiene más de un 40% de los escaños necesita convencer a mucha gente para sacar adelante algunas medidas críticas. Si la cosa sigue así y Podemos se come, entre otros, los escaños de partidos minoritarios, pero con representación parlamentaria como UPyD, IU o Ciudadanos, hablaríamos de que las medidas deberían ser pactadas entre al menos dos de los tres partidos mayoritarios. Eso es complicado. Estaríamos en el típico escenario en que el gobernante querría sacar adelante medidas y no podría. Se quejaría, empezarían los lanzamientos de pelota de un lado a otro y... lo de siempre, pero sin decidirse nada al final. Una parálisis de facto del poder legislativo, lo que no es muy positivo.

¿Qué consecuencias tendría un gobierno de Podemos?

Yo no soy un experto en política, pese a haber estudiado parte de la carrera de Ciencias Políticas y a que me gusta la materia. Evidentemente, cuando surge un nuevo partido con la fuerza con que ha surgido Podemos hay dos actitudes posibles: atenerse al típico "más vale malo conocido" o al también típico "de perdidos al río".

Todos sabemos que lo que hay es malo. Da igual si uno es del PP o el PSOE, da igual la ideología de uno, la clase política española es de lo peorcito de la sociedad. Ser político hoy está casi tan mal visto como ser banquero o de una farmacéutica. O peor, seguramente. Así pues, mucha gente votará a Podemos porque cree que nada puede ser peor que el PP y el PSOE, y al menos ofrece alternativas a lo que hay. Esa actitud es la que llamo "de perdidos al río".

Por otro lado, están los que temen el cambio y que llegue un sistema alternativo radical y nefasto que deje España arrasada por medidas de corte fascista, comunista, anarquista o cualquier cosa que suene dañina. Es lo que llamo la idea de "más vale malo conocido".

Yo he leído el programa de Podemos. Como me pasa con todos los demás partidos, unas cosas me gustan y otras no. Lo que no termina de dejarme indiferente es la apuesta por medidas que no he visto en ningún país occidental desarrollado y no sé, por tanto, qué consecuencias podrían tener. Por ejemplo, establecer un tope salarial o prohibir los despidos en empresas con beneficios.

Pero cuidado, porque tal como mencioné antes, decidir quién gobierna no es tan fácil como señalar al candidato del partido que más votos ha conseguido. Ni siquiera al que ha conseguido más escaños. Para ser elegido Presidente del Gobierno, el candidato tiene que recibir el apoyo de más de la mitad de la cámara. Eso, si hay tres partidos votados casi por igual, es imposible si no se logran acuerdos. ¿Y saben lo que pasa cuando se alcanzan acuerdos? Que todo el mundo abandona las medidas más radicales, acertadas o no. Son las primeras en caer, por supuesto.

Así pues, si Podemos fuese la fuerza con más escaños, cosa que está por ver, y lograse el apoyo del PSOE, que también está por ver, tendría que abandonar muchas de sus sorprendentes medidas por el camino. Tendríamos un partido con fuerza, ganas y juventud, pero con las alas bastante cortadas, lo que igual no es malo, porque implica el control de posturas demasiado extremistas. Sería en otras elecciones, cuatro años después, cuando el electorado debería preguntarse, tras ver su capacidad (o incapacidad) para manejar España con medidas menos drásticas, si le concede la confianza suficiente para tomar las que con gran seguridad abandonará ahora. Así pues, entendiendo el miedo que pueda producir en cierta parte del electorado un hipotético gobierno de Pablo Iglesias, querría decir que el propio sistema hará que no sea tan malo como ahora pueda parecerles. Tranquilidad.

¿Y conseguirá gobernar Podemos?

Pues yo tampoco lo sé. Pero sí sé ciertas cosas que podrían darnos pistas al respecto.

En primer lugar, el voto de Podemos aumenta drásticamente con cada caso de corrupción que sale a la luz de PP y PSOE. Pero esos efectos, normalmente, desaparecen con el tiempo. Podemos está ahora en un momento en que están en el candelero noticias relacionadas con la corrupción, por lo que es probable que esta intención de voto se suavice un poco en los próximos meses.

En segundo lugar, hemos vivido una renovación del PSOE, con un nuevo candidato y todo. Cuando eligieron a Pedro Sánchez, la intención de voto al PSOE descendió drásticamente, pero poco a poco se ha ido recuperando. Evidentemente, el PSOE está reaccionando ante la fuerza de Podemos, y debemos esperar que continúe generando cambios y alternativas para frenarles. Y da igual la motivación, el mero hecho de que el PSOE, uno de los partidos mayoritarios, plantee cambios importantes, ya es mucho.

Pero no solo el PSOE se renovará: el PP debemos esperar que también lo haga. De momento su discurso permanece igual que hace meses, cuando Podemos no existía. Mariano Rajoy tiene una imagen pobre, muy pobre, incluso entre su electorado. Evidentemente, hace ya años que todos, tuviésemos la ideología que tuviésemos, nos echábamos las manos a la cabeza al ver que Rajoy volvía a presentarse una y otra vez en vez de dejar paso a un candidato con mejor imagen. Igual cometen el mismo fallo esta vez. Pero imaginemos por un momento que no es así: ¿qué opciones tiene el PP? ¿No creen que un nuevo candidato, con experiencia, libre de la mancha de la corrupción, podría generar un aumento de votos para su partido?

Y esto me recuerda la tercera idea a tener en cuenta: la economía. Estamos viviendo tiempos en los que la economía va mejorando sus indicadores. Sé que esto no dice mucho a las masas trabajadoras que son la fuente de votos de Podemos, pero normalmente eso acaba traduciéndose en mejoras tanto económicas como laborales. Este año la tendencia bajista del PIB ha cambiado, y la economía empieza a subir por primera vez en muchos años. Rajoy tiene casi un año entero para que siga subiendo, no cagarla, limpiar su partido, no volver a escuchar la palabra corrupción y diseñar medidas alternativas con las que convencer a un electorado que desea que el "más vale malo conocido" pese más que el "de perdidos al río". Todo el mundo suele preferir evitar el cambio, lo que juega en favor del PP, y solo necesitan un lavado de cara para prestarle de nuevo su apoyo.

Conclusiones

Queda un año para las elecciones, lo que es mucho tiempo. Podemos trae nuevas ideas, y poco más puede ofrecer, creo yo (y ya es mucho). Sin embargo, los partidos mayoritarios tienen un año entero para buscar alternativas, presentarlas y conseguir que el electorado se olvide de la palabra "corrupción". Por eso, creo que un factor crítico en las próximas elecciones es que esto ocurra y los españoles no oigamos hablar de ella durante unos meses.

Si el PP y el PSOE lo consiguen, para verano Podemos verá reducida la intención de voto a su partido. Máxime si esos dos partidos logran plantear medidas de reforma constitucional (todas las que se han presentado me parecen parches, pero a la gente le gusta eso de la reforma, aunque no le digan qué van a reformar, qué le vamos a hacer), transparencia institucional y, para colmo, la suerte les sonríe y la economía va mejor para entonces.

Y aunque no lo consigan, cosa que puede ocurrir porque a incompetencia no les gana nadie, no tiemblen los anti-Podemos: por mucho que no les guste, ese partido no podrá hacer lo que le dé la gana. Deberían surgir muchos nuevos escándalos, a ser posible para verano o justo después, y llegar una nueva crisis (cosa que no es impensable dado el nivel de deuda de los gobiernos, especialmente el estadounidense), para que Podemos lograse una cantidad de escaños suficiente para gobernar con una mayoría cómoda.

Desde luego, lo evidente es que Podemos ha traído consigo muchos cambios. Su mera presencia hace que la gente opine y que nos planteemos cosas que antes, en el escenario bipartidista español, ni concebíamos. PP y PSOE plantean reformas y surgen conversaciones sobre, incluso, la forma de nuestro modelo de Estado. Aunque Podemos quedase en una mera anécdota en la historia de España, la verdad es que ha generado diálogo y polémica. Y eso, amigos míos, es bueno.

¿Y yo, qué pienso de todo esto? Ya escribí en un post anterior que estoy convencido de que España no necesita tanto políticas concretas, de izquierdas o derechas, como una reforma profunda de nuestra estructura política. Un cambio de la ley electoral, el poder judicial y las leyes que rigen el funcionamiento de los partidos se me antojan prioridades que hacen sombra a cualquier otra medida que se pueda plantear partido alguno. Creo que hace falta un partido que se deje de colores y plantee unificar a la gente en torno a esta reforma y punto, sin políticas concretas de sanidad, educación ni defensa. Un partido que llegue, reforme y convoque elecciones.

Ya veremos lo que pasa...

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las asignaturas que echo de menos

Supongo que a lo largo de nuestra vida todos hemos echado de menos saber más sobre algún tema que consideramos importante. De entre todos esos temas, creo que la mayoría de nosotros compartirá algunos, que somos muchos quienes los hemos echado en falta. La pregunta, ante eso, es ¿por qué no se nos enseñaron en el colegio? En algunos casos, porque se consideran conocimientos muy técnicos o específicos como para enseñarse a tan cortas edades (aunque llamar edad "corta" a los 14 o 16 años no me parece muy aceptable). Sin embargo, en otros la razón es, simplemente, porque nadie se lo planteó nunca, o porque no eran conocimientos necesarios en el momento en que se diseñó el sistema.

El modelo de educación actual, tal como fue concebido en sus principios, era una forma de preparar a las personas para su trabajo. Se obtenía cultura general de diversas materias que sentaban las bases para, luego, en la Universidad, estudiar algo más específico. Sin embargo, la cantidad de conocimientos que hay ahora mismo es enorme, y el acceso a ellos igualmente grande. Nunca como ahora una persona puede, en sus ratos libres, obtener una formación como la que ahora puede conseguir a través de Internet. Para colmo, la forma de nuestra sociedad, los conceptos de libertad y derechos que hay en la actualidad y el papel de las instituciones en nuestras vidas ha cambiado enormemente a lo largo de los dos siglos que tiene, más o menos, el actual modelo de educación.

Hoy, las necesidades que todos tenemos en nuestra vida son muy diferentes. Necesitamos formarnos prácticamente toda nuestra vida, por lo que surge la pregunta: ¿qué es lo que deseamos que constituya la "educación básica"?

Para mí, la educación básica debería proporcionar a todos los instrumentos necesarios para saber cómo manejarse en los entornos políticos, sociales y tecnológicos actuales, así como las herramientas personales necesarias para hacerlo de forma que podamos sentirnos lo más felices que nos sea posible. Y basándome en esto, echo de menos muchas cosas.

Independencia Política

Saber cómo funciona nuestro sistema político, desde nociones de la Ley Electoral al funcionamiento del sistema representativo me parece fundamental. Creemos que eso de meter un papelito en una urna es bastante fácil, pero no nos damos cuenta de que cuando la gente habla por televisión, o tomándose un café con los amigos o, simplemente, pensando en que nuestra Constitución es una porquería (algo que muchos piensan hoy día), realmente no suelen tener ni pajolera idea de lo que hablan. Conocer nuestro sistema político es el primer paso para tener capacidad de cambiar las cosas. Cuando un partido dice que va a proponer cambios en la Constitución mucha gente asiente, porque es realmente necesario, pero a poco que se entre en detalles no se tiene ni idea de la diferencia entre nuestro estado autonómico, una federación, una confederación o lo que sea que se quiera proponer ni las consecuencias de instaurar modelos territoriales así. No digamos si se habla del sistema de reparto de escaños o de si un voto en blanco vale más o menos que una abstención.

Seguridad Legal

Son muchos los derechos que tenemos, y muchos los instrumentos para ejercerlos, aunque en bastantes ocasiones no sean lo efectivas que nos gustaría. Conocer las bases del sistema judicial y del Derecho, así como la forma de acceder a los instrumentos que nos permiten ejercerlos, es trabajo de la clase política. Sí: sé que no lo hacen muy bien, y que todos pasamos tres pueblos de reclamar cosas a veces por no meternos en los follones y gastos derivados de hacer valer tales derechos, pero la realidad es que existen instrumentos que nos permiten hacer frente a problemas legales.

La primera vez que me vi amenazado por alguien en el campo legal fue con un cliente que reclamaba más de lo que debía. Gritó enfurecido, y muy seguro, que me denunciaría. Y yo, francamente, me acobardé. Ignoraba lo que es significaba ni las consecuencias que podía tener, pese a que sigo teniendo claro, aún hoy, que yo tenía razón. Al final, accedí a una solución de compromiso con tal de no meterme en abogados, y aún hoy me da rabia no haber hecho vales mis razones frente a tal tipejo. La segunda vez fue en un trabajo. Quienes nos contrataron a un amigo y a mí se portaron francamente mal, y quisieron demorar el pago del finiquito correspondiente por nuestra marcha hasta que se terminase un proyecto que nosotros no teníamos por qué finalizar. Curiosamente, nos mostramos dispuestos a terminarlo al marcharnos, por lo que la retención del finiquito era totalmente innecesaria, lo que me tocó las narices. Obviamente, tras la experiencia previa mi actitud ante el conflicto fue muy diferente, y presenté una denuncia ante el SMAC.

No se trata de estudiar leyes o derecho. Ni tampoco de hacer expertos en burocracia judicial. Se trata, para empezar, de saber bien qué son los derechos, cuáles son los fundamentales, y, ante todo, que los chavales, que en los últimos años de educación preuniversitaria ya se acercan a la mayoría de edad, sepan lo básico sobre qué hacer en caso de tener un problema así y la actitud que deben mantener ante ese tipo de casos. Qué es un abogado, cómo acceder a sus servicios, los costes y problemas que tendrán. El acceso a asistencia legal gratuita, etc.

Economía Personal

¿Saben que si sus hijos, en vez de contratar un plan de pensiones a los 30 años, lo contratase a los 18 obtendría en su jubilación entre un 50 y un 100% más? ¿Sabe que una persona que hace 40 años hubiese comprado acciones de Pepsi hace 30 años su capital se habría multiplicado por 38, mientras que si lo hubiese hecho diez años más tarde solo tendría cuatro veces y media más? Es el poder del interés compuesto.

Normalmente nos planteamos ahorrar cuando tenemos dinero, cuando ahorrar es algo que debería ser constante en nuestra vida. Además, nos preocupamos por nuestra jubilación cuando tenemos hijos o nos acercamos a la crisis de los 40, habiendo dejado pasar ya entre 10 y 20 años que nos habrían proporcionado enormes beneficios. Esto ocurre porque salimos del colegio sin tener ni idea de lo que es el dinero, lo que vale y lo que valdrá. En general, no sabemos ni ahorrar, ni invertir, ni nada que no sea ir a por la casa y esperar a jubilarnos por cuenta del Estado. Cuidado, porque yo tengo casi 40 y me faltan 27 años para jubilarme (al menos), y en ese tiempo las cosas pueden cambiar mucho y el Estado puede haber dejado de pagar jubilaciones.

Es importante que nuestros hijos aprendan que ahorrar es más sencillo de lo que parece y, más aún, más importante de lo que parece. El colegio puede ser un extraordinario aliado en este sentido.

Computación

Sí, sí, lo sé... Soy pesado en este punto. Hasta la saciedad. Pero no me cansaré de repetir que la computación será en el futuro parte de esa cultura general que todos debemos tener, como leer, escribir, sumar o restar. Yo doy clases a mis hijos de computación los jueves, y en el caso del mayor (el pequeño empieza la semana que viene), proporciona mucha seguridad en asignaturas como matemáticas.


Y esto es todo. No sé si alguien tendrá alguna idea de otras asignaturas que eche de menos en el colegio. Además, dado que muchos lectores no residen en España, me encantaría saber la formación de este tipo que hay en los países donde residen. ¿Sabéis de sistemas donde se enseñen estas materias?

Un saludo

jueves, 6 de noviembre de 2014

Haciendo historia II

Las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios. Hace poco escribí cómo estamos en casa haciendo un poquito de historia a pequeña escala. Pues bien: todos podemos hacer un poquito de historia hoy mismo.

Code.org ha iniciado una campaña en indiegogo para recaudar fondos para que millones de niños en todo el mundo aprendan a programar. Escribí también sobre la formación en computación en otro post. Apoyad esta campaña, la mayor hecha jamás en indiegogo. Millones de niños en todo el mundo lo agradecerán. Es más... si realmente se impulsa en muchos colegios la formación en computación, serán muchos más los que, por imitación o pura tendencia, implantarán asignaturas relacionadas. Al final, llegará a nuestros hijos.

Aunque solo sean 10 dólares, apoyad esta campaña. Es importante para todos.

...y, de paso, impulsad en los colegios con los que tengáis relación la implantación de computación como asignatura.

lunes, 20 de octubre de 2014

La formación es importante... ¿para nuestros hijos?

Hay mucha gente que piensa que hay demasiadas cosas que están cambiando a peor. Escribí hace algún tiempo un post criticando ese tipo de pensamientos. Realmente, lo que vemos hoy es lo mismo que nuestros bisabuelos vieron en su día. Es habitual que en la transición entre dos siglos haya cambios que lleven a la sociedad a replantearse sus modelos sociales, legales, políticos, laborales, culturales...

Acabo de ver un vídeo que sostiene algo parecido. Habla de la revolución tecnológica que ya está aquí: los robots. Los robots, por mucho que nos pese, irán sustituyendo a los humanos en muchas tareas, lo que pone en riesgo una enorme cantidad de puestos de trabajo en todo el mundo. Los coches que conducen solos amenazan, según este vídeo, el trabajo de 70 millones de conductores profesionales en el mundo. Y eso que no está teniendo en cuenta el trabajo relacionado con los seguros automovilísticos, el de los policías de carretera, mantenimiento de semáforos (aunque algún otro tipo de señales habrá que mantener, supongo)... Por otro lado, en 2013 apareció Baxter, un robot multi-propósito capaz de aprender a hacer tareas por imitación, barato para un taller medio, que no cobra más que lo que consume de luz y que trabaja 24h al día. Lento, sí, pero ni se pone enfermo ni te pide mejoras salariales ni va a la huelga. El vídeo se pregunta qué pasará con esos millones de puestos de trabajo que se perderán.

Hace algo más de un siglo, durante la segunda revolución industrial, la gente se planteaba algo parecido. Y aquí estamos.

No voy a ser frívolo y decir "no se preocupen: la expansión de los robots no tendrá efecto en los trabajos de la gente", porque sería una estupidez. Tampoco voy a decir que esos 70 millones de conductores profesionales y empleados de seguros automovilísticos no deberían ir replanteándose el futuro. Deberían. Y rápido. Léanme claramente, camioneros: ¡Fórmense rápido y planifiquen una estrategia a 10 años, porque en ese tiempo la mitad de ustedes estarán sin trabajo! Asusta, ¿a que sí? Lo que me gustaría es comentar la parte del problema que la gente no suele considerar. Lo que la gente no piensa es que dentro de 100 años, como mucho, tras los robots aparecerá alguna otra cosa que dejará en la calle a otra millonada de personas. Y cada vez la millonada será, probablemente, mayor. Lo curioso es que la solución la podemos poner en marcha hoy. De hecho, o la ponemos en marcha o nuestros bisnietos las pasarán canutas... otra vez.

Cuando hay un desarrollo tecnológico, está impulsado normalmente por un motivo económico. Digo normalmente porque no siempre es así, pero vamos... un altísimo porcentaje de las ocasiones. Imaginen una empresa. 200 trabajadores, de los que 160 son mano de obra poco cualificada. Pero son 160 salarios. Así que el equipo directivo, esos 40 mandos medios y altos, deciden invertir en tecnología. ¿Creen que mejorarán la velocidad a la que se hacen sus presentaciones? Normalmente, invertirán en cambiar la productividad de su fuerza de trabajo mayor y, además, la de mayor coste para la empresa: los trabajadores poco cualificados. Además, la tecnología para sustituir a un trabajador muy cualificado suele ser más cara que la equivalente a un trabajador que coloca botellas en una cinta sinfín. Así que los mandos de nuestra empresa desarrollan con una universidad un robot capaz de hacer lo que 40 empleados. Y esos 40 a la calle. Subvención por I+D, ahorro... Una jugada genial. Y lo es. En serio. ¿Alguien puede reprochárselo? Al fin y al cabo, piensen qué harían si fuesen los dueños de esa empresa: su competencia va a hacerlo, y producirá lo mismo (o más) con menor coste, reduciendo el precio de los bienes que venden. Si no toma ese tipo de decisiones, está usted en un aprieto, amigo.

Pero eso no lo hace una empresa: lo hacen todas. Y en total no se despide a 40 personas: se despide a 40 millones. Entonces, ¿por qué a los 50 años no queda nada de esa crisis? ¿Por qué los hijos de esos trabajadores no están todos en el paro (ya lo estarán los bisnietos, a los que pillará otra crisis similar)? Pues porque el mercado se acaba auto regulando. Al final, los hijos de estos señores reciben una formación mejor adaptada a los nuevos tiempos. Las nuevas tecnologías se aprovechan y se generan puestos de trabajo nuevos, que exigen una formación diferente. Esos 40 millones de parados deben dar de comer a sus familias y aprenderán lo que sea para volver a trabajar. Y lo harán. Habrá una crisis gorda, gordísima, pero las aguas volverán a su cauce. Al fin y al cabo, los conductores profesionales de hoy quitaron antes puestos de trabajo a los encargados de caballerizas, jinetes del poney-express, cocheros de carruajes...

Pero la gente lo ha pasado mal. Muy mal, debido a un adelanto tecnológico. A cuatro generaciones de aquella segunda revolución industrial, todos la vemos como positiva, pero apuesto a que por aquel entonces mucha gente echaba pestes sobre las máquinas, la electricidad y los motores de combustión.

Definamos claramente las cosas: El problema no es tanto que la gente se quede sin trabajo como que la gente que lo hace sea incapaz de encontrar uno nuevo. Si los 40 empleados de nuestra empresa fuesen capaces de adaptarse y, conocedores de las particularidades de su trabajo, montar una compañía de innovación que ayude a mi empresa y otras similares a mejorar equipamientos, ¿a que ya no nos sentiríamos mal? Por supuesto que no. El impacto negativo, tanto social como económico, no proviene de la incorporación de una nueva tecnología, sino del tiempo necesario para que el mercado laboral se adapte al cambio. El reto, pues, consiste en reducir ese tiempo al mínimo posible, de forma que la gente que se va quedando en paro encuentre trabajo cuanto antes. Una nueva tecnología genera una enorme cantidad de posibilidades, que cualquiera con suficiente formación puede aprovechar. Pero, normalmente, cuando la tecnología sale al mercado no hay tantos profesionales como para aprovecharla al máximo. Irónico, ¿no? Por un lado hay más gente innecesaria y por otro se necesita a más gente.

Y es que el problema no es tecnológico: es de formación. El problema es que la gente encuentra trabajo, se casa, tiene niños y entra en una vorágine de tareas y días llenos de estrés en los que lo último en que piensa es en aprender algo nuevo. Si le preguntas dirá que sí, por supuesto, aprender es importante. Pero no es prioritario: la realidad es que ir a recoger a sus hijos al colegio, realizar su trabajo diario, prepararse la cena y descansar tras días y días así es siempre más importante. Y lo es, no nos engañemos. Pero de pronto alguien llega y le dice "en 10 años se queda sin trabajo". La mitad, aunque nos sorprenda, dirá "pues ya veré entonces lo que hago". A los 5 años, esa mitad estará preocupada. A los 8 muerta de miedo. Y querrán aprender de golpe cosas nuevas que chavales de 30 harán mucho mejor. A los 10 estarán en paro. Si con esos 10 años vista hubiesen aprendido más, probablemente habrían ido viendo la utilidad a las nuevas tecnologías. Seguramente, con su experiencia en el sector más de una empresa tecnológica les habría contratado. O podrían haber montado una consultora. O, simplemente, se habrían planteado otras opciones.

El problema es tanto mayor cuanta mayor es la diferencia entre la formación que uno tiene y la que necesita para encontrar un nuevo trabajo. Por eso hay que reducir esa diferencia y, para ello, hay que estar formándose siempre. Pero esto es algo que ni socialmente ni culturalmente ni legalmente está considerado. Las empresas deben pagar al trabajador por formación, pero todos sabemos lo que pasa con ese dinero: acabamos comprando leche, el coche nuevo o el piso.

¿Y por qué no hacemos cursos? Entre otras cosas, porque no tenemos tiempo. Además, la universidad está llena de chavalines. Sus profesores dan clase a alumnos de entre 18 y 28 años. ¿Imaginan ir con los casi 40 tacos que tengo a una universidad a empezar a aprender algo que me guste, pongamos... biología? Ni de guasa. La universidad, en términos generales, no está pensada para mí. Ni respeta mis horarios ni los de mis hijos. Formarse hoy es una inversión cara, tanto en tiempo como en dinero, y no debería serlo. Debería ser lo normal. Lo habitual. Lo socialmente aceptado. La gente debería sorprenderse de que alguien no esté estudiando algo, llámese carrera, curso de postgrado o lo que quieran. Deberían tratarle como un suicida o alguien con mucha suerte, que puede permitírselo y sabe que podrá el resto de su vida.

Cuando hablamos de formación, yo el primero, solemos pensar en el futuro de nuestros hijos, no en el nuestro. Sé de muchos sectores que deberían pensar que tienen los días contados. Hemos mencionado a los conductores y todos los servicios asociados: vigilancia de tráfico y aparcamientos, seguros automovilísticos... El mantenimiento también se vería afectado, porque los coches autónomos no solo tienen menos accidentes: además conducen mejor y mantienen mejor el coche. Pero, ¿qué pasa con la industria que gana dinero fabricando piezas pequeñas y recambios domésticos? Las impresoras 3D ya están aquí. Y están para quedarse: en MediaMarkt ya venden un par de modelos. ¿Cuánto creen que tardarán en hacer impresoras de cristales para gafas? O en que podamos usar nuestra impresora 3D para ello. Si tenemos el informe oftalmológico de nuestro ojo, bajamos un modelo de montura que nos guste de internet y la imprimimos. Luego descargamos un programa para imprimir lentes y hala... Ya tienes tus gafas hechas en casa. ¿Qué queda para eso? ¿20 o 30 años? Y ya hay una impresora que fabrica casas (por si los obreros de la construcción no hubiesen tenido bastante). ¿Un anillo de boda? Imprime. ¿Bisutería? ¡Imprime! Los robots de limpieza son más comunes, pero aún tienen que evolucionar. No creo que tarden más de 10 o 15 años en fabricar un robot que realmente pueda mantener la casa reluciente, incluyendo mobiliario, encimeras y escaleras. Adiós, empresas de limpieza. Maquinistas ferroviarios, pilotos de avión, repartidores, gran cantidad de administrativos... El número de trabajos que hay en riesgo hoy día es muy elevado.

Pero la gente no se forma, y no lo hace porque el sistema no está pensado para ello. Y el sistema no está pensado para ello porque, hasta ahora, lo normal es que la gente viviese de su profesión toda su vida. Y eso es así cada vez menos. Hace falta que nos convenzamos de que el futuro es cada vez más frágil. El cambio debería ser algo plenamente aceptado en nuestra vida. España, país de funcionarios, es un caso grave de búsqueda de la estabilidad huyendo del cambio. Nos quejamos cuando alguien ataca nuestras acomodadas vidas. No nos damos cuenta, y el vídeo con que comienzo el post tampoco, de que no es que debamos adaptarnos al cambio que viene: debemos hacer del cambio nuestra forma de vida. Toda esa gente que he mencionado, desde conductores de autobús a fabricantes de lentes, se quejarán el día que haya máquinas que hagan su trabajo. Exigirán la creación de un órgano colegiado, el pago de cánones por compra de impresoras 3D o la penalización del material que se usa para hacerles la competencia. Pero la realidad es que no necesitarían protestar si nuestra sociedad aceptase el cambio como parte del sistema económico en que nos movemos.

La gente debería tener tiempo para estudiar, y los organismos que se dedican a la formación tendrían que diseñarse para acomodar a grandes y pequeños. Sé que implica una pérdida de productividad, y que las empresas inicialmente pondrán el grito en el cielo, pero al final repercutirá en beneficio de todos: adaptarse será más fácil, competir y no perder el ritmo de la competencia también. Los altibajos en la demanda debidos al impacto de las nuevas tecnologías se reducirán, y el nivel de tranquilidad y productividad de los trabajadores será mayor.

La formación es importante... ¿para nuestros hijos? Sí. Para nosotros, también.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Haciendo historia

Hace casi cinco meses, inicié este blog, Incasequible, con una entrada que, curiosamente, ha sido la más leída hasta el momento. El tema eran los videojuegos y por qué la gente considera negativo jugar a ellos y no a otros como el ajedrez. Por qué jugar a videojuegos tres horas es vicio y estar cinco dándole al balón no.

El día que publiqué el post un tal Pablo comentó que se ofrecía a dar clases de Dota o Starcraft a mi hijo mayor. Lo que en los comentarios no aparece es que, tras conocerle, acepté. El miércoles pasado, 1 de octubre, mi hijo inició su "extraescolar de Dota", que más bien es una clase particular. Pablo cobra su hora semanal (debo decir que ha sido muy generoso con el precio, que no creo que sea alto) y enseña algo que le apasiona a un niño que también es un apasionado. Mientras escribo este post están los dos "doteando" juntos.

El viernes siguiente, jugué con mi hijo y debo decir que le vi detalles que me sorprendieron. Para colmo, me aleccionó alguna vez (con 9 años... Sabía que ese momento llegaría, pero no esperaba que tan pronto). Le vi contento, satisfecho, orgulloso. Y yo me sentí feliz de verle no solo disfrutar con una pasión, sino, además, mejorar en ella de la mano de alguien que sabe.

Sé de países donde los chavales reciben clases de videojuegos, y donde incluso hay pisos, a modo de residencias, donde los integrantes de un equipo viven juntos: comen, estudian, duermen y entrenan juntos. Esos pisos comunes tienen al frente a un entrenador y, en ocasiones, un equipo de promoción y organización detrás. Son profesionales.

Yo no aspiro a eso con mi hijo, aunque no me negaría a que se dedicase profesionalmente si así lo desea (¡menuda experiencia!). Lo que sí reivindico es que, habiendo como hay extraescolares y profesores de otros juegos y deportes que todos aceptamos, los aficionados a los videojuegos tengan esa misma oportunidad.

Creo que en casa estamos haciendo un poco de historia. Historia del videojuego en España, en cierto modo y a muy pequeña escala. No tengo noticia de otro caso de clases particulares de videojuegos para niños en nuestro país. Padres de mi urbanización y cercanos a nosotros se sorprenden de las clases de mi hijo. Pero su sorpresa da la oportunidad de comentarlo, explicarlo y darlo a conocer; de mostrar a una parte pequeña de nuestra sociedad que esta posibilidad existe y es igual de aceptable que las clases de chino en el colegio.

Hasta que se extienda esta idea, mi hijo dará clases de Dota en solitario. Una pena, porque es un juego de equipo: cinco contra cinco. Y nos faltan cuatro compañeros. Pero es un comienzo, una ruptura de los estereotipos y los prejuicios. De momento, es bastante, aunque reconozco que me gustaría ver evolucionar todo esto hacia la formación de un equipo y, por qué no, más campeonatos nacionales y afición, mucha afición.

Gracias, Pablo, por la oportunidad. El resto de España, que se anime. Y yo me voy a ver si terminan estos dos la clase porque son capaces de tirarse media hora más de lo acordado dándole al Dota.


Por cierto: si alguien se plantea animarse, el juego es gratuito. Hace falta un PC corriente, una hora semanal (los miércoles, de 6 a 7 de la tarde) y muchas ganas. Dota es en equipo, y aprenden mucho sobre colaboración, porque cada jugador tiene un papel, y es clave que lo haga bien en beneficio de todos. Si alguien quiere, que comente abajo y lo hablamos.