lunes, 5 de junio de 2017

Puñeteros Genios: Walt Disney

Walt Disney es una de esas personalidades que ha sido castigada con el paso del tiempo. Si bien entiendo los motivos: según algunos, era antisemita, aunque no hay muchas pruebas de ello. Y, desde luego, era un malhumorado jefe que proporcionaba muy escaso reconocimiento a sus empleados. Sin embargo, nunca he sido partidario de vilipendiar de manera póstuma figuras conocidas por haber dado al mundo cosas buenas. Nadie es perfecto, y prefiero centrarme en lo bueno que nos ha dado.

Disney comenzó como dibujante y animador. Cuando al fin logró vender su obra "Alice's Wonderland", que mezclaba imagen real y dibujos animados (una innovación en aquel momento), creó un estudio con su hermano Roy. Ya tuvo otro antes, que quebró porque esa obra, "Alice's Wonderland", tardó demasiado en terminarse. Y así, vendiendo la obra póstuma de su primer estudio, Disney fundó el segundo y definitivo, que llegaría a ser la Walt Disney Company.

Como cualquier genio de los que versa esta serie de posts, Disney tenía una visión clara de lo que podría llegar a hacerse y orientó sus esfuerzos para hacerla realidad. Los personajes así suelen ser muy creativos y, aunque ellos no sean los artífices últimos de sus obras, las conciben e imaginan a la gente emocionada con ellas. Por eso, para estos genios, la imagen es esencial. Son gente que tiene el marketing en las venas, inconscientemente. Para crear productos innovadores de manera competitiva, tienen que innovar. Si bien Walt Disney nunca fue un maestro del dibujo ni la animación, se había dedicado a ello y conocía bien las bases de su negocio. Esto le permitió ayudar en la mejora de los procesos de producción con innovaciones que acabarían siendo estándares de su industria.

Al imaginar aquello que otros no conciben, la gente como Disney exige mucho a quienes le rodeaban. Tenía fama de exigente y malhumorado. Pedía mejoras hasta el último detalle y reconocía escasamente. Un comentario positivo de Walt Disney, siquiera un "puede funcionar", era un halago y constituía un gran mérito para quienes trabajaban a su cargo. Disney, como otros líderes visionarios y creativos, llevaba a la gente a su cargo a límites que ni sabían que podían alcanzar.

Disney creó el primer corto animado con sonido: el famoso "Steambot Willie", con el Ratón Mickey de protagonista. También creó el primer largometraje de animación: "Blancanieves y los Siete Enanitos", que mucha gente de la industria consideró una locura que le llevaría a la bancarrota. Como todos sabemos, la película triunfó y dio lugar a una nueva línea de negocio: los largometrajes de animación. Poco a poco, dejó esa línea de negocio en manos de nueve animadores expertos del estudio, conocidos como los Nine Old Men. Dos de ellos, Ollie Johnston y Frank Thomas son famosos por publicar el libro "The Illusion of Life", que es una auténtica joya de la animación.

Entre tanto, Walt Disney perseguía su siguiente sueño que, cómo no, era criticada y tenida por locura. Se trataba de un parque temático: Disneyland. No fue el primer parque temático de la historia, pero sí incluyó numerosas innovaciones que hoy tienen todos los parques de este tipo. Tras ese parque, concibió la creación de un prototipo de ciudad del futuro, EPCOT, pensada para que 20.000 personas pudiesen vivir y trabajar. Finalmente, esa visión quedó transformada, tras su muerte en 1966, en un nuevo parque temático, dentro de lo que hoy es DisneyWorld, en Orlando.

Tal como describí los personajes de esta serie, Walt Disney no sólo tuvo numerosos éxitos, sino que algunos de ellos fueron tan innovadores que la gente no confiaba en ellos. Los largometrajes de animación o la creación de un parque temático como Disneyland son cosas a las que estamos acostumbrados hoy día, pero entonces constituían una tremenda innovación. El nivel de rechazo inicial era tal, que para crear Disneyland, Walt Disney constituyó una empresa aparte y compró los terrenos alejados de los Estudios Disney: pensaba que sus inversores y directivos no creerían en un proyecto así.

Sea como fuere, Walt Disney cambió la forma de ver el entretenimiento y el ocio. Imaginó un futuro que otros no eran capaces de ver y lo hizo realidad. Por eso ocupa un puesto en esta lista de "puñeteros genios".

miércoles, 31 de mayo de 2017

Serie "Puñeteros genios"

Compensaré la ausencia de posts estos dos últimos meses con una serie de posts sobre gente a la que yo considero "genios". El término "genio" está muy extendido y, creo, la definición de lo que es un genio es diferente de una persona a otra. Así que voy a hablar de esas personas a las que yo considero genios de verdad. Desde luego, no hablo del término técnico, que es una persona que tiene una inteligencia por encima de la superdotación.

Mi definición de "genio" es doble. Por un lado, están los genios que muestran o mostraron una increíble capacidad, fuera de lo normal, en algún campo concreto. Ejemplo típico es Mozart. Pero esta serie no va de esos genios, sino de mi segunda definición de genio, que exige que una persona tenga dos características. Primero, que haya estado involucrado no en uno, sino en varios éxitos de innovación (uno puede ser fruto del azar). Segundo, que al menos uno de esos éxitos haya sido disruptivo, es decir, una innovación que no fuese predecible y difícilmente imaginable. Una de esas innovaciones que se ajusta a la famosa cita de Steve Jobs "la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras".

Esos genios no tienen por qué ser innovadores muy positivos. Pueden ser gente criticada y vilipendiada de lo lindo, con o sin razón. Pero si cumplen lo que he dicho, para mí entran en la categoría y tendrán su sitio en la serie.

¿Qué genios recorreré en esta serie? Pues John Wanamaker, Steve Jobs, Walt Disney, Elon Munsk, Leonardo da Vinci, Sir Isaac Newton... Pretendo publicar un post cada primer lunes del mes. El primero, por tanto, el lunes que viene. Hablaré de Walt Disney.

martes, 16 de mayo de 2017

Más de un mes sin escribir

En 2014, el año en que inicié la andadura de Incasequible, falté dos meses a mi compromiso personal de escribir. Desde entonces, no ha habido mes, ni en 2015 ni en 2016, en que no haya escrito alguna entrada. Sin embargo, el mes pasado no escribí nada. Por primera vez en dos años y medio.

El motivo es que, como comenté en un post anterior, este año tengo un ultimátum a mi persona: debo desarrollar el proyecto, ponerme las pilas. Eso o buscar otra forma de terminar mi estancia en la empresa en que trabajo. No es mal trabajo: en absoluto. Pero tras once años en él estoy estancado profesionalmente.

¿Y cómo anda ese proyecto? Pues... Bueno... Con sus luces y sus sombras, pero bien. No voy a contar nada de momento, pero mis prioridades mandan y ahora ando dedicando todo el tiempo que puedo a mi proyecto. ¿En qué acabará? Ya os lo contaré.

Entre tanto, trataré de escribir pronto y seguir el ritmo, pese al trabajo.

viernes, 3 de marzo de 2017

¡Eventos por todas partes!

Soy un fan de la arquitectura de eventos. Permite modularidad, simplicidad de código, calidad y rapidez en el desarrollo. Cuando conocí IFTTT, un sistema de eventos para el hombre corriente, aluciné. Escribí algún post al respecto, e incluso una serie llamada "la vida 4.0". Hoy, no sé por qué, me apetece escribir sobre un sistema más orientado a empresas: Zapier. Es lo mismo que IFTTT, pero con más herramientas integradas.

Como a algunos lectores todo esto les sonará a chino, pondré un par de ejemplos de lo que un sistema de eventos puede hacer en la vida real.

Si un colegio pone el menú en Google Calendar (que, no es por nada, pero es lo suyo: ya va siendo hora de que adquieran esa costumbre), Calendar lanzará un evento cuando empiece cualquier actividad del calendario. Si, por ejemplo, hoy a las 13:00 está puesto que empeiza la comida y son macarrones, Calendar lanza un evento (una especie de aviso), diciendo que empieza la comida con tal menú. Zapier, que es un sistema de eventos, se entera de lo que dice Calendar y puede llevar a cabo acciones que le hemos dicho que ejecute. Por ejemplo: publicar el menú del día en Twitter. O mandarme una notificación al móvil. O lo que sea.

Los sistemas de eventos, por tanto, escuchan eventos lanzados por aplicaciones y, cuando llega uno, ejecutan acciones en otras aplicaciones.

Otro ejemplo: hay eventos que puede lanzar el móvil. Como entrar o salir de una zona concreta del mapa. Se puede hacer que, cada día, cuando se esté a 1 Km del trabajo de alguien a quien sueles recoger, se lance un evento. Ante ese evento se programa que se ejecute una acción en el móvil de la otra persona: un mensaje de LINE diciéndole que vaya bajando al portal.

Esos ejemplo son de uso personal, fundamentalmente, y se pueden realizar desde IFTTT. Zapier tiene menos sistemas personales, como eventos de fitness (Nike plus, Fitbit...) o de domótica. A cambio, tiene muchísimos más de tipo profesional, como plataformas de CRM, sistemas de correo, bases de datos, etc.

Así que, si tiene un equipo en su empresa que necesita comunicarse mejor, estar enterado de todo, gestionar mejor sus acciones, clientes y recursos... Zapier puede ser una opción estupenda para interconectar herramientas que hacen todo eso y mantener a todo el mundo alineado en la misma dirección. Lo más estupendo y maravilloso, sin duda, sería que la Administración genere eventos también. Podríamos estar enterados de muchas cosas de manera fácil y gestionar información sobre lo relativo a impuestos, comunicaciones con el Ayuntamiento, etc.

Como veis, surgen más y más herramientas que nos llevan al llamado mundo 4.0. Bienvenidas sean.

lunes, 27 de febrero de 2017

A vueltas con las mates

Me gusta la educación y suelo darle vueltas a cómo enseñaría esto o lo otro, especialmente en ciencias. No se trata ni de criticar la labor de tantos buenos profesores como hay en los colegios ni de hacerse el listo. Darle vueltas a las cosas, cuestionarse lo establecido y sacar conclusiones es una buena forma de revisar y mejorar lo que hay.

El otro día estuve viendo con mi hijo mayor, a quien gustan las matemáticas, un "mapa de las matemáticas" que se puede encontrar en Internet:

Estuvimos revisándolo y le comenté qué parte ha estudiado y cuál llegará a ver en el colegio. El gráfico está dividido en cuatro partes: orígenes (conteo y numeración), matemáticas puras, aplicadas y fundamentos. Y me resultó chocante que gran parte de lo que se ve en el colegio son matemáticas puras:

Me pregunto si se podría cambiar la forma de enseñar para que se enseñe más parte de matemática aplicada que puras. O, al menos, enseñar las puras desde la aplicada y no al revés. Y no: no voy a sacar conclusiones en este post.

Es cierto que parte de la matemática aplicada se ve en otras asignaturas. Por ejemplo, en física se ven matemáticas, y un poco también en química. Sin embargo, la computación, que es una parte que divierte fácilmente y puede ser un buen punto de partida para estudiar algunas áreas de matemáticas puras, no se explota casi en absoluto. E igual pasa con probabilidad y estadística. Tampoco se trata el tema de teoría de juegos o el control de estados en ingeniería. Son matemáticas aplicadas muy entretenidas que se pueden enseñar sin grandes fundamentos de puras, pero desde las que se puede acceder a ellas.

Este post es, en definitiva, un pensamiento. Estaría muy bien probar cosas de este tipo. Estaría bien.

lunes, 20 de febrero de 2017

Un mes sin escribir

¡Madre mía, un mes! Es mucho tiempo, sí señor. He estado hasta arriba de cosas.

No sé si lo comenté recientemente, pero mi objetivo de este año es definir y prepararme para una nueva etapa en mi vida. Llevo años recorriendo un camino en busca de mi propio negocio, pero tras esos años llega el momento de evaluar. No se trata de echar por la borda el esfuerzo realizado, sino de evaluar si el rumbo tomado es correcto. En otras palabras: me he dado un ultimátum a mí mismo. Para centrarme, han desaparecido de mi vida prácticamente todos los tiempo muertos dedicados al ocio. Si bien mantengo alguna aplicación "casual" en el móvil para esos cinco minutos en que espero a que hierva el agua para el arroz, todo mi tiempo intento centrarlo en la productividad. Y debo decir que me está cundiendo.

En verano, con lo que haya terminado (o no), iré preparándome para una aventura alternativa. Nunca cerraré la puerta de mi negocio, una ilusión por cumplir, pero estoy ya muy muy cansado del lugar en que trabajo y necesito cambiar de aires. Mi última alternativa es irme a otro trabajo por cuenta ajena, y ponerme a buscarlo será algo que posponga hasta final de año, cuando vea a qué me ha llevado este periodo de extraordinaria productividad.

Por eso escribo poco: estoy petadísimo. Pero contento. Satisfecho. Hoy mismo, además de este post, prepararé algunos más, que se irán publicando automáticamente.

En fin: es año de ultimátum. De resultados (y voy bien, lo prometo). Veamos a qué nos lleva.

jueves, 19 de enero de 2017

Disfrutar del camino

A mis hijos eso de leer no les motiva mucho. A mí, cuando era pequeño, tampoco me gustaba. Recuerdo a mi madre y mi hermana insistiéndome en que leyese un libro infantil titulado "El búho que tenía miedo a la oscuridad". Jamás lo hice. Luego, siendo mayor, he leído considerablemente más. Y he disfrutado y aún disfruto, qué duda cabe. No me voy a meter en la importancia del amor a la lectura, pero sí en la forma de inculcarlo.

En el colegio de mis hijos ponen nota por hacer "fichas de lectura". Cuando leen un libro, rellenan una ficha. Deben hacer mínimo tres cada trimestre. Además, insisten a los padres que los niños deben leer, por lo que implica de cara a sus habilidades lectoras. El caso es que esta mañana hemos hablado de algo relacionado en el trabajo: premiar por llegar al final del camino cuando la meta es el disfrute del camino.

Si premias a alguien por llegar a Santiago de Compostela, lo más probable es que coja un avión. Si quieres que camine y deseas fomentar que disfrute caminando, seguramente el premio está mal diseñado. No habría que premiar por llegar, sino por andar. Con la lectura pasa algo parecido. Si se premia por rellenar una ficha, al final lo que se logra es lo que suele hacer mi hijo mayor: lee rápido, se entera más o menos y se quita de encima una tarea de clase. Lo único que se hace es reafirmar su idea de que es un peñazo que hay que pasar. Un trámite incómodo. Me parece que sería mejor dedicar menos tiempo a enseñar gramática en primer ciclo de primaria y hacer un poco de debate entre los niños sobre lo que han leído y lo que les gusta. Que cada ávido lector, que siempre los hay en clase, transmita la ilusión a los demás. Que les haga preguntarse por qué ellos no tienen esas vivencias y les genere el deseo de zambullirse en ese mar de letras que es un libro.

lunes, 2 de enero de 2017

Un nuevo año

No me voy a alargar con este post. Sólo pretendo decir tres cosas: Primera, que escribir el año pasado unos objetivos y ponerlos en la pared, frente a mí, para tenerlos siempre presente, fue un total acierto. Creo que anima y te permite tener en todo momento claras tus prioridades.

Segundo, que no: no los he cumplido todos. Una pena. Concretamente, dos sí y dos casi. Y cuando digo casi es casi casi. Y si bien no me dejan muy contento esos dos incumplimientos, por mucho "casi" que haya de por medio, me siento satisfecho. El experimento ha sido fantástico y, simplemente, debo hacer un post-mortem del año, analizar los porqués y mejorar los objetivos de 2017.

Tercero, no he escrito aún los de 2017, pero tengo claro que uno de ellos tiene que ver con un avance claro y radical en mi vida profesional. Ya le daré forma, pero es mi absoluta prioridad de cambio este año.

Y nada más. Breve. Poco definido, lo sé. Pero ahí queda eso de momento. Empiezo 2017 con más dudas que 2016, aunque siento que tengo más motivos de tener esperanza que los que tenía al empezar 2016. Ya veremos.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Educar en el error

Tiempos muertos: Cuando voy en el coche, cuando me acuesto y busco la forma de dormirme, cuando estoy esperando que algo compile, cuando voy solo de paseo a comprar. Tiempos muertos donde pienso en las cosas que hacer o, si ya las tengo pensadas, los temas que me gustan. Uno de ellos, el lector asiduo de mi blog lo sabe, es la educación, especialmente la pre-universitaria. Y ayer, dando un paseo, pensé...

Los grandes aprendizajes provienen de la repetición y el error. Los primeros, cuando son aprendizajes de memoria. Los segundos, cuando se trata de experiencia, esas conclusiones que luego aplicas cuando en la situación identificas un patrón que coincide con aquel en que cometiste el error. Y evitas el error, aplicando soluciones nuevas que, esta vez sí, funcionarán. Ese error ayuda, es positivo. Pero mi sensación es que todo error es penado en el colegio. Mis hijos ven el error como un fallo que se toman con mala actitud y, normalmente, veo lo mismo en los hijos de los demás. Más aún: yo recuerdo percibirlo igual hasta que me di cuenta de los grandes beneficios de equivocarse. Lo malo no es equivocarse: es equivocarse siempre. ¿Por qué? Porque implica que no sólo tropiezas, sino que además no aprendes.

Una de las cosas que más me gusta escuchar o leer en Internet son los "post mortem": charlas con las conclusiones de proyectos terminados, y normalmente fallidos, que los desarrolladores hacen para que la comunidad se beneficie de su experiencia. En mi empresa no hacemos post mortem. Cuando un proyecto termina tenemos el siguiente en cola y, en las prisas, mantenemos errores una y otra vez a lo largo de los años. ¿Cómo enseñar todo esto a los niños?

Creo que el "post mortem" es una herramienta poderosa. Y lo sería también para los niños si trabajasen en proyectos con objetivos específicos. Es uno de los diversos motivos por los que creo que las enseñanzas en el colegio deberían basarse en proyectos. No lo que ahora llaman "proyecto", que suele ser una temática alrededor de la cual reunir los temas (son proyectos para el profesor, más que para el alumno). Proyectos donde los alumnos, en equipo, deben aplicar lo que aprenden para lograr un objetivo concreto y medible. Y se les evaluará juntos según lo hayan logrado. Pero, además de evaluar qué tal aplicas los conceptos, es bueno evaluar qué tal aprendes de tus errores: debería haber un "post mortem" evaluable, de forma que los chavales sean capaces de obtener nota y percibir sus errores como una fuente de recompensas: una oportunidad.

...y ahí me quedé al terminar mi paseo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Pensamiento mañanero

Venía yo en coche esta mañana, a eso de las 6:30, dándole vueltas a la costumbre que tienen tantas personas letradas de juzgar a la gente según su nivel cultural. Adoradores de las letras, creen que la cultura es siempre, en última instancia, "el libro"; piensan que quien no "lee" con asiduidad es a bien seguro un cafre, y que la falta de "lectura" en los niños es el mayor mal del mundo. Son el sostén indiscutible de ese topicazo que dice que los niños "tienen que leer", porque si no leen serán ignorantes.

Me hubiese encantado ser buen "lector". Lo echo de menos. Pero no me considero una persona ignorante. ¿Cómo puedo no ser ignorante si no he sido un ávido "lector"? ¿Qué define a una persona culta? Creo que culto es aquél que se hace más preguntas de las que es capaz de contestar. Es quien cada vez tiene más y más preguntas. Porque si algo hace el conocimiento es generar más incógnitas. Culto es quien pretende responder a esas preguntas y, en el camino, va viendo que cada vez hay más. Pero disfruta respondiéndolas. Me resulta curioso que, cuando se habla de cultura, suele venirme a la mente una persona de letras. Sin embargo, me he encontrado más profesionales de las ciencias que, preguntándose, dedican ratos libres a las letras, porque allí también encuentran preguntas que contestar, que lo contrario. No recuerdo a mucha gente de letras que en sus ratos libres se ponga a investigar sobre genética, por ejemplo.

A mi entender, el problema son un par de confusiones entre términos, de ahí los entrecomillados en los párrafos anteriores. Se confunde "leer" con "leer novela". A mí nunca me faltaba un libro cuando era pequeño, pero solían ser atlas y libros de consulta, ya sea científica o de historia. Novelas, ni una. O sea, no soy buen lector... ¿o sí? Creo que cualquiera diría que no. De hecho, mi madre luchó mucho porque "leyese", infructuosamente. Anda que no ha dado vueltas por mis manos "El búho que tenía miedo a la oscuridad". Pero siempre estaba con los atlas.

Lo segundo que suele confundirse es "libro" con "lectura". El libro electrónico ya es considerado "libro" por muchos, aunque hace unos años había una estúpida guerra al respecto. Pero la web no lo es, cuando sí es lectura. Recorrer la Wikipedia, como hago yo en días de tedio, aprendiendo muchas cosas de temas dispares, es lectura. Pero no coges libro alguno, electrónico o de papel. Y no son novelas.

Así que, cuando alguien habla de que los niños "no leen", normalmente se refiere a que los chavales de hoy no tienen gusto por la novela. Y eso es un gran error. A mí me da lo mismo si tienen entre las manos un libro de papel o no: quiero que se hagan preguntas y tengan inquietud por responderlas. Sé lo que encontrarán: más preguntas. Ese proceso define de verdad al ser culto. Eso quiero para mis hijos, y me importa un pito si, para eso, han hecho una ficha de lectura este trimestre para el colegio u ocho.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Trabajo en equipo

¡Gran conversación hoy en el café! Bueno, han sido varias, porque a mi jefe le ha dado por cambiar drásticamente de tema, pero la chula ha sido la última: trabajos en equipo en el colegio. Me ha gustado porque, para empezar, mi hijo ha tenido que hacer dos trabajos "en equipo" cuya organización ha sido negativa y, para continuar, creo que es uno de los grandes defectos de la educación hoy día.

El proceso de organización del equipo en el colegio, cosa que normalmente ocurre sin supervisión del profesor, suele ser la siguiente: se divide el trabajo en partes, se asigna una a cada miembro del grupo y luego las unifican y alguien se come el marronazo de maquetar todo. Este último paso es opcional, lo que da lugar a que cada cosa tenga un estilo diferente, longitudes diferentes, calidad diferente y todo diferente. Al final, como le ha ocurrido a mi hijo, llega el profesor y les baja dos puntos porque claramente no lo han hecho en equipo. A mí, que se les bajen puntos por hacer un trabajo en equipo sin gestionarlo como un equipo me parece fenomenal, siempre y cuándo se les haya enseñado a hacer lo que se les exige, en este caso a organizarse como equipo. Lo dejaremos ahí, porque da para comentar mucho.

Creo que los trabajos y toda la actividad de aplicación de conocimientos del colegio debe hacerse en clase. La teoría fuera. A mí, que los niños reciban la lección bajo mi supervisión me da lo mismo, porque es teoría: lo que quiero que aprendan es a aplicarla. Así que esto último, la aplicación, es lo que quiero que hagan en clase. Por eso soy un ferviente partidario de la clase inversa: a casa vídeos explicativos y en clase puesta en práctica, incluyendo los trabajos en equipo. Esto implica tener a su disposición medios para informarse, acceder a Internet y mirar lo que uno necesite.

Para mí, la clase ideal implica una mesa de cuatro, alrededor de la cual se organiza el equipo, con un dispositivo para buscar información en Internet. El profesor rula por el aula viendo cómo los chavales se organizan y ayudándoles en este sentido. Para eso, claro, deben tener formación, que no se les proporciona. Los chavales aprenden a organizarse y a trabajar juntos. Redactan, escriben, ponen en común y buscan en común. La división de tareas no es mala: todos hacemos algo parecido en el trabajo. Lo malo es que sólo haya contacto entre los miembros al principio (para el reparto de tareas) y al final (para la puesta en común). El contacto y la puesta en común han de ser continuos. De esta manera, se sabe que el trabajo lo han hecho los niños (no los padres), se sabe quién participa más o menos (uno de los grandes temores en todo trabajo en equipo para casa), se ayuda a los niños a lo largo del proceso y se puede evaluar correctamente.

El trabajo en equipo es una de las asignaturas pendientes en el colegio y, curiosamente, no sólo por cómo se ejecutan, sino por su cantidad: la mayoría del trabajo debería ser en equipo, porque en la empresa la mayoría del trabajo lo es. Solemos pensar que para preparar a los chavales para el entorno laboral está la universidad, pero eso es mentira: todo el proceso formativo debería orientarse en este sentido. No en exclusiva: evidentemente hay que formarles en otros aspectos, pero esa orientación profesional debe empezar en el colegio.

Sigo preguntarme cómo es posible que haya personas que se ganen la vida formando a trabajadores en "habilidades personales", que todos sabemos que son útiles en todos los aspectos de nuestra vida. Eso debería enseñarse en el colegio. Los niños deberían salir del colegio sabiendo trabajar en equipo, hacer presentaciones, orientarse a objetivos o negociar. Para eso los profesores tienen que formarse y, ¡oh problema! teniendo una mujer maestra, no veo que se formen en eso en absoluto.

Sólo con ese cambio, sin meterse en asignaturas ni currículos ni programas educativos, ya generaría una mejora sustancial en el nivel educativo.

Ay... Cómo me gustaría ser profesor en el colegio.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Generación procedimental

A estas alturas, me sorprende la falta de conocimiento técnico de la prensa de videojuegos. El otro día escuché un podcast de Mundogamers donde un tío que se supone que sabe dice que lo que no le gusta de "No Man's Sky" es que, al generarse procedimentalmente el universo, cada jugador ve una cosa, porque el mundo se va creando para él. Lo mismo he leído en algún que otro artículo de prensa que, se supone, es especializada. Esto me lleva a pensar que no tienen ni idea de lo que significa generación procedimental.

Como he dicho, esto viene a acolación de "No Man's Sky", un videojuego que anunciaba que tenía un universo enorme que explorar, con alrededor de un billón de planetas diferentes. Vamos, que no hay narices de explorarlos todos. La generación, claro, no se puede hacer a manita, así que han hecho un algoritmo que genera todos esos mundos. Ya está: eso es procedimental. Que se genera con algoritmos en vez de manualmente. No hay más. Que se haga un mundo para cada jugador o el mismo para todos es otra cuestión: nada que ver con cómo se genera, que es de lo que habla el término "generación procedimental".

"No man's Sky" es un juego que tengo ganas de probar, aunque sólo sea para poder observar los detalles técnicos, percibir la experiencia que provoca y hablar de él. Sin embargo, no espero grandes cosas, lo que me lleva a que no estoy dispuesto a pagar la pasta que actualmente cuesta.

Cuando se decía de él antes de publicarse que hay más de cinco mil millones de planetas distintos, todo el mundo pensaba que la variabilidad sería tremenda. Cuál sería la sorpresa cuando las primeras críticas apuntaban a que tras veinte planetas todo parecía igual. También decían sus creadores que el juego tiene más especies animales que las que hay en la Tierra. Sin embargo, al poco de salir ya se decía que hay unas pocas especies de animales.

¿Mintieron acaso? No.

Imaginemos que tenemos teclados de PC, cada uno con 100 teclas. Y hacemos lo siguiente: generamos teclados en cuatro colores distintos y, además, a cada uno le ponemos una (y sólo una) tecla aleatoria en blanco. El número de teclados diferentes será de 400. Sin embargo, uno de los parámetros, la tecla en blanco, es perceptivamente menor que la del color. Así que, a bote pronto, si nos preguntan diremos que sólo vemos cuatro tipos de teclados distintos. Conclusión: cuando se genera material procedimentalmente, hay parámetros que son más perceptibles que otros, y nuestro cerebro sólo tendrá en cuenta los más claros. Sin embargo, cuando se cuenta el número de opciones para generar ese material, todos cuentan por igual. Al final, existe una gran diferencia entre lo percibido y la matemática.

Nuestro cerebro es especialista en la búsqueda de patrones. ¡Los encuentra incluso cuando no los hay! Generar procedimentalmente un mundo grande y que, además, parezca grande, es muy complicado.

Y un buen periodista de prensa especializada debería saberlo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Radiación en el colegio

Ayer, hablando con mi hijo sobre el calor, comenté algo sobre la "absorción de la radiación" o algo por el estilo. Y me hizo un comentario curioso que me hizo sospechar que había un malentendido por algún sitio: un problema de disparidad de conceptos entre lo que él entendía por "radiación" y lo que yo entiendo por "radiación". Al preguntarle quedó patente que en el colegio le han enseñado el significado que, estando bastante extendido, es muy incorrecto y lleva a mucha gente a creer cosas que no son.

Ya he hablado sobre el tema en algún post y, creo, también en Sheldonadas, otro de mis blogs: la radiación no tiene por qué ser dañina. Hay radiación ionizante, que sí lo es, y radiación no ionizante, que no lo es. La luz es radiación. Y el calor. Y el sonido. Hay radiación electromagnética, acústica, de partículas... Y, con toda esta radiación, mi hijo sólo "sabe" que es dañina.

Que la gente tenga ideas equivocadas es a veces inevitable. Pero que el colegio sea parte de la generación y mantenimiento de equívocos tiene miga. Se supone que las personas que trabajan ahí tienen conocimientos suficientes de lo que enseñan. Y se supone que, en cualquier caso, los libros de texto poseen contenidos que son correctos. Claro, que teniendo el libro de "naturales" de mi hijo, en su primera página, un dibujo del Sistema Solar con un inexistente "cinturón de Kepler", pues... No sé yo. Y sí: son erratas. Pero oye... Hay erratas y erratas. Y los libros de texto no son el mejor lugar para tenerlas, máxime cuando son conocimientos que no cambian tanto como para que nadie se dé cuenta a lo largo de las ediciones.

En fin, que me ha sorprendido, simplemente. Ya sé que las cosas son así. Sé que no hay sistema perfecto. Pero caray... Me da la sensación de que, sin mi apoyo en casa, mis hijos acabarían cometiendo los errores que en Sheldonadas suelo denunciar.

¡Ay, la educación! Ese tema.

martes, 29 de noviembre de 2016

La industria del videojuego en España

Leo hoy este artículo sobre la industria del videojuego en España y me viene a la memoria cierta conversación hace algún tiempo sobre el tema. Así que, a blog personal, opiniones personales.

Desde mi limitada experiencia, el "indie" español tipo es un chaval que juega mucho y sueña con hacer un videojuego. Así que se pone a darle vueltas y acaba teniendo en su mente la gran idea del videojuego guay al que le molaría jugar. Entonces llega el primer problema de la proto-industria de nuestro país: que demasiada gente, incluso programadores, van por ahí diciendo que "programar es fácil" y que "hacer un juego es sencillo". Una mierda. No hay gente por ahí cobrando pasta en empresas de videojuegos como Dios manda por su cara bonita. Y los grandes estudios no se tiran tres años con un equipo de 70 personas para sacar un título porque sí. Un videojuego chorra que no dé un duro es fácil hacerlo si ya sabes programar. Un videojuego del que vivir no.

Pero claro: quién ha dicho vivir. La mayoría quieren sacar un juego que les mola. Ni se plantean que les mole a los demás (ahí el error: dan por garantizado el éxito). Ni mucho menos hacen un plan de ventas. Si preguntas a un "indie" cuántas copias necesita vender para poder vivir de ello, te dirá que no tiene ni idea, porque no ha hecho números. Si los hiciese, vería que lo suyo no es empezar con el juegazo que te gustaría tener en tus manos, sino con un juego sencillo que saques en poco tiempo y con el que aprender mucho y, con suerte, tengas para hacer el siguiente.

Así que el "indie" se busca a sus cuatro colegas, se cargan a tope de ilusión, y empiezan a currar a saco en ese juego genial que podrán hacer en... un añito. Mientras, viven de sus padres, de sus ahorros o de vete tú a saber qué. A los nueve meses ven que no, que eso del año va a ser que no. Y lo sé porque me ha pasado. Es normal: nos ilusionamos. Pero hay que tener los pies en la tierra. Si tienen suerte y un apoyo financiero de sus padres o algo así, genial, aunque no será indefinido. Si no, empiezan las presiones. En cualquier caso, antes o después llegarán.

Empieza la siguiente aventura: buscar financiación. Y la gran queja: en este país nadie financia a los "indies". Y claro, yo me pongo en la piel de un tío con pasta al que le gustan los juegos y me pregunto. ¿Daría pasta a gente que no ha sacado un juego rentable en su vida, que vive de la ilusión y, por tanto, no es realista (y sus cifras, claro está, tampoco lo serán), y que está llevado por la presión de "necesito pasta porque ya no tengo para comer", por lo que me meterá cada bola que flipas con tal de que le dé mis ahorros? Y la respuesta es que no. Obviamente.

Entonces aparece la figura de esas pequeñas productoras que -teóricamente- sirven de lanzadera a porrón de jóvenes "indies". Te aconsejan, te apoyan, ponen un stand en esta feria o la otra para que promociones el juego y tú, tan inocente, lo celebras porque alguien de la industria confía en ti. Y no: no confían en ti. Simplemente, disparan al aire diez veces con el ánimo de que lo que cacen con una bala les compense el coste de las otras nueve. Eres una bala. Un cartucho en su catálogo. Sus costes son limitados, su confianza en ti más aún y la credibilidad de sus consejos casi nula. Porque les importa un pito que triunfes: sólo quieren que el juego dé lo suficiente, y eso implica, en esta magnífica cultura española, gastar lo menos posible en ti: exprimirte con tal de que les des algo. Y si luego te vas a la ruina, es tu problema. No verás un duro, porque se llevarán mucho en compensación por el riesgo (lógicamente, por otro lado). Y, al final, tu aventura acabará junto con tu relación con ese pedazo de la industria que creías que confiaba en ti.

No critico a esas empresas, pero igual que al comienzo hay que enfrentarse a la producción con menos ilusión y más cabeza, a estas empresas igual. Uno llega a estar tan necesitado de alguien que confíe en él, de una palabra externa que poder llevar a casa para que sus padres vean que lo que hace no es perder el tiempo, sino que "la industria" firma algo, que se echa la rúbrica en cualquier papel.

Hay mucha diferencia entre querer sacar el videojuego guay de turno y querer vivir haciendo videojuegos. Y, siendo ambas casi siempre incompatibles a corto plazo, los "indies" de menos de 30 las confunden a menudo. Si quieres hacer tu juego soñado, primero haz uno que te lleve poco y véndelo. Te la pegarás, claro, pero habrás dedicado en el aprendizaje unos meses, no tres años, tu ánimo, tu salud financiera, la de tus padres y vete tú a saber qué más por el camino. Eso es hacer las cosas con cabeza. Lo otro, montar un estudio que morirá en breve. Uno de tantos en nuestro país.

¿Echo de menos "indies" con cabeza? No. Al fin y al cabo, ¿quién la tiene con 23 años? Lo que echo de menos son personas de 40 con cabeza que aconsejen a los "indies" como es debido. Pero las empresas que teóricamente se dedican a eso, resulta que en muchos casos se aprovechan. Habrá excepciones. Por eso, el final de ese artículo me llena de esperanza. Ponen el dedo en la llaga: "En esta sexta edición, el Fun & Serious Festival se ha propuesto contribuir a la profesionalización de los creadores españoles y lo ha hecho desde la sinceridad, describiendo el escenario real de la industria". No he estado en el "Fun & Serious Festival", pero ojalá sea verdad.

Luego quedará cambiar la mentalidad de los estudios que se hacen grandes para que adquieran una cultura empresarial sostenible a largo plazo, y no acaben siendo un Dinamic o un Pyro, que "mucho lirili y poco lerele". Pero eso ya es otra historia.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La RAE, la madre de Puleva y el famoseo extremo

Yo alucino. De verdad. Esto ya se sale de mi entendimiento. Cómo puede la gente ser tan manipulable, increíblemente ignorante y falta de pensamiento crítico.

Todo habrá empezado, seguro, con algún cerebrito de Puleva o la empresa de marketing de turno a la que paguen, buscando formas originales de liarla con tal de conseguir salir en los medios. Y, para ello, nada mejor que emprenderla contra la RAE. Porque la RAE, que es patrimonio de todos los españoles y gentes hispanohablantes, qué más nos da la reputación que tenga. Así somos. Como con las chorradas del supuesto machismo lingüístico su reputación ya sufre innecesariamente, estarán acostumbrados. Qué más da. Y en un todo vale, deciden que la primera acepción que el diccionario tiene de "madre" es primitiva o qué sé yo.

Así que llaman a unos cuántos famosos (y a ser posible, madres), les cuentan el asunto y ellos se ofrecen tan pichis para la campaña, haciendo un vídeo para firmar una petición (qué moda ésa, oye) que inste a la RAE a cambiar la definición de la palabra "madre". Espero que, al menos, cobren, porque si van a demostrar la misma estupidez supina que los firmantes, que lo hagan ganando algo.

El DRAE tiene varias acepciones para "madre", y esa es la primera. Seguramente les guste más la tercera. En cualquier caso, todas valen para según qué usos, porque para eso están las acepciones. Pero para qué vamos a mirar el diccionario: no lo hacemos desde que nos obligó algún maestro plasta en el colegio y, desde entonces, apoyamos quitar horas lengua en favor de inglés porque para qué puñetas quiero yo hablar bien español pudiendo lucir en pitinglish. ¡Ah, que son famosos en un vídeo! Oye... Pues cómo no van a tener razón ellos, claro. Para qué vamos a preguntarnos si será verdad lo que dicen los medios: eso sería tener un mínimo de pensamiento critico. ¿Ese logo de Puleva? Ni lo había visto. Y si lo he visto, da igual, porque lo dice "la Carbonero" y esa fijo que sabe de eso.

Y no, Vicky, querida: la RAE no conoce a tu madre ni falta que hace, porque no se trata de describir a tu madre, sino a lo que significa la palabra "madre". No se trata de definir a la madre del vecino, sino el concepto que expresa la palabra. Entonces veo que las propuestas de definición incluyen "única", "valiente", "extraordinaria"... Tome nota la RAE: las madres que no sean valientes, no son madres. Y si no son extraordinarias, tampoco. Eso sí: que hayan parido o ejerzan las funciones de una madre da lo mismo. Es que... ¡¿En serio?! ¡¿Pero alguien en su sano juicio puede pensar que si la RAE introduce algo así en la definición estará cumpliendo con su función?! ¡¿Pero qué le pasa a toda esa gente, a esas casi 15.000 personas?! ¡¿Lo están diciendo en serio?!

A este paso, los hechos me forzarán a caer en el pesimismo social y el españolismo negativista de Pérez-Reverte. Y me resisto.

Antes me negaba. Ahora como mucho me resisto.

martes, 15 de noviembre de 2016

Acción de Gracias

Ya está ahí la Navidad. Ha llegado el frío, aunque igual se va de nuevo. Los anuncios de juguetes y colonias se suceden. Y, desde hace unos pocos años, se oye hablar en España del "Black Friday". El 24 de noviembre, jueves, es Acción de Gracias en Estados Unidos (en Canadá fue hace tiempo, en octubre), el momento de los grandes regalos en ese país. Así que el viernes 25 se inicia la campaña de Navidad, y lo hacen a lo grande, con enormes descuentos.

A mí, católico practicante, reconozco que hay fiestas de otros lugares, incluso otras religiones, que me parecen muy atractivas. Evidentemente, no es plan estar todo el día de celebraciones, pero por poner un ejemplo, como cristiano que soy me gustan algunas fiestas judías que conmemoran hechos bíblicos, de esa parte de las escrituras que comparto con los judíos. Son festividades que nosotros hemos perdido o, más bien, transformado.

Acción de Gracias es una de esas festividades que me gustan. Eso de dar gracias por lo que uno tiene es bonito. No hablo ya desde una dimensión religiosa, que también. Hacerse uno consciente de lo que tiene y celebrarlo, creo que ayuda a tener una visión más optimista y menos quejica de la vida. Es una de esas cosas que habría que hacer todos los días pero no se hacen. Reservar un día en el calendario para ello resulta instructivo. Es un recordatorio. Y un recordatorio bonito que se comparte con los demás. Para colmo, Acción de Gracias suele celebrarse en familia, alrededor de una mesa llena de buena comida y bebida. Y a mí esas ocasiones me recuerdan a mi infancia y me encantan.

Esas celebraciones son bonitas en verano, pero en invierno tienen un no sé qué... Supongo que estar tanta gente juntita en un lugar cálido, frente al frío exterior. Además, cenando, lo que implica que ahí fuera está oscuro. Me da la sensación de hogar. Hogar lleno de gente. De familia. De unidad. Luego nos tiramos los trastos, pero toda excusa para reunirse en el calorcito de un comedor, hablando, discutiendo, liándola si es necesario, celebrando algo por estúpido que sea, me reconforta. Pero no dos o tres. Cuantos más, mejor. Si son menos de diez, no mola tanto.

Así que Acción de Gracias, como la Navidad, lo tiene todo. Familia, frío fuera y comida. Adorable. Y, encima, un buen propósito. ¿Se puede pedir más?

Pues nada... ya está aquí la Navidad.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El legado

Hoy ha fallecido un profesor que tuve en 7º de EGB. A raíz de un funeral al que asistí hace relativamente poco, me puse a pensar en escribir sobre esto, pero me han faltado el tiempo y la inspiración. Hoy, movido por el recuerdo de este profesor, me pongo a pensar en lo que entonces quise escribir.

Vas al funeral por el abuelo de un amigo no por el difunto, sino por acompañar al amigo. Al difunto apenas le recuerdas, más que tal vez por un par de ocasiones, hace ya muchos años. Sin embargo, es curioso porque saludas a la madre de tu amigo, a su hermano y te sientas; y te pones a recordar; y te das cuenta de que su abuelo ha estado más presente que en ese par de ocasiones. Has escuchado hablar de él. Tu amigo le ha mencionado a menudo. Y recuerdas el orgullo al hacerlo, la admiración al referirse a él.

Y ese amigo tuyo, por el que sientes afecto y, dado todo lo que ha conseguido, en el fondo cierta admiración, ves que estaba muy ligado a su abuelo. En ese momento, sentado en la iglesia, te haces consciente de, en todos tus recuerdos, esa presencia incuestionable de su abuelo, si bien no en persona, sí en todo lo que ha transmitido a sus familiares. Mi amigo es heredero de todo lo que su abuelo le transmitió. Y ves que ha sido mucho, y que ha sido bueno.

Allí, sentado, escuchando a la madre de mi amigo hablar de su padre con emoción, sientes con una tremenda claridad la presencia de todo un legado. Sientes la potente influencia ejercida. Notas, como si pudieses casi tocarla, la virtud, manando de las palabras y extendiéndose por el recinto. No son las bonitas palabras que olvidan lo malo, fruto del momento: son las pronunciadas por el peso de una incuestionable y continua influencia. Y yo, en ese momento, no pude evitar emocionarme. No puedo evitar sentir que ya no estoy ahí sólo por mi amigo, sino porque el mundo se despide de alguien valioso, que ha dejado una clara huella en forma de sus acciones, pero también de su nieto, un amigo, y todo lo que él, a su vez, nos da a quienes le conocemos.

Cuando gente así desaparece, en parte te entristeces, porque se pierde algo bueno. Pero no cabe duda de que es cierta la afirmación de que nunca se van del todo, porque su legado queda aquí. E, indirectamente, ese hombre que se fue nos va dando cada día, cuando quedamos los amigos para vernos en el VIPS de turno o en la barbacoa que inicia el verano.

Gracias por estar ahí, en forma de su legado. Descansen todos esos buenos y grandes hombres en paz.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Admirando a Blizzard

No puedo evitarlo. Son, simplemente, los mejores. Blizzard es una empresa que no deja de sorprenderme. No es que sea fan porque me gusten sus juegos y todo eso. Me gustan, sí, qué duda cabe, pero lo que admiro de Blizzard es su forma de ser como empresa.

Blizzard hace juegazos. Vale. Otras empresas también: Valve, Bethesda, EA... Y mira que me gustan los juegos de Bethesda, pero no me parece admirable desde un punto de vista empresarial. Blizzard tiene una cultura de atención a los detalles, con una forma de tratar al jugador única y un desarrollo de exquisita calidad. Es la cultura que me encantaría tener si yo un día tuviese una empresa.

Un día sale "LoL" y lo peta. Entonces Valve saca un competidor, "DOTA 2" y trata de mejorar los e-sports. ¿Cómo? Haciendo que sea el videojuego que mayores premios da con diferencia (mucha diferencia). Y hala, a ver si ganan adeptos. Y... No. Siguen por detrás del LoL y, según algunos, ya del competidor que ha sacado Blizzard: "Heroes of the Storm" (Blizzard no publica sus cifras, así que no se sabe).

Blizzard quiere mejorar en los e-sports. Podría coger y aumentar las cifras a ver si eso funciona, como si esto fuese cosa de abrir el grifo y esperar. Pero no: le dan DE VERDAD una vuelta de tuerca y deciden coger el último título que han sacado, "Overwatch", que ha pasado de 20 millones de jugadores activos en 4 meses, y experimentar. Y en vez de aumentar premios, crean la Overwatch League. ¿Que qué es eso? Pues hacer que acceder al mundo profesional de videojuegos sea fácil y que uno tenga garantías al hacerlo. Coger a los que quieren tener un equipo y exigirle, generando garantías para el deportista y, de paso, mejorando la competitividad y la experiencia de la audiencia. Y me parece fantástico.

Blizzard, la empresa del "saldrá cuando tenga la calidad que exigimos a nuestros productos", la empresa que con "Starcraft 2" hizo nacer los modernos e-sports, acaba de demostrar que esto no va de darle a la manivela para conseguir jugadores, sino de crear con cariño las bases un deporte en toda regla, organizado y con garantías para todos.

Y esa cultura de respeto al jugador, de pensar bien las cosas y hacerlo todo con paciencia les hace ser lo que son: los mejores.

viernes, 28 de octubre de 2016

Reactivando mi vida

Dije que no escribiría en un mes y, salvo cierto post puntual, así ha sido. No me planteaba que fuese un mes exactamente, pero acabo de ver la fecha del post en que lo dije y sí: un mes y un día, oye. Qué puntería.

Se me ha pasado rápido, y no tengo claro que haya resuelto el 100% de las cosas que necesitaba solucionar en mi cabeza, pero bueno... Voy arrancando de nuevo. En general, estoy contento. Echo de menos, eso sí, más acción social. Echo de menos dedicar algo de tiempo, de ese tiempo que no tengo, a echar una mano en campos que considero importantes o de mi interés. Uno de ellos es, todo lector de este blog lo sabe, la educación en computación. En general, en cualquier ciencia o tecnología, porque me parece que no se enseñan bien, pero en computación especialmente. Y, además, me gusta promover la igualdad de género, porque la mujer, nos guste o no, sufre cierto grado de discriminación hoy día.

Así que la causa de enseñar a niñas a programar me atrae muchísimo. Por eso sigo las actividades de iniciativas como Girls make games o Girls who code.

En Estados Unidos, he leído repetidas veces, las niñas comienzan a decantarse por otras disciplinas en la adolescencia. Lo trágico es que, entre sus motivaciones, está que piensan que los chicos lo hacen mejor y que no está bien visto entre sus compañeras. Muy triste, ¿no? Yo pensaba que eso era sólo por allí, al otro lado del charco, pero resulta que hoy leo en El Mundo que aquí también pasa. Me he sorprendido y preguntado a mí mismo si iniciativas similares a las antes citadas podrían llevarse a cabo en España. Supongo que sí. Y... ya. Punto.

Digo yo que todo el mundo esperaría ahora por mi parte un "venga, va, me voy a poner". Pero soy el tipo de persona que en una iniciativa de ese tipo puede resultar muy útil, pero no del que las empieza. No sabría cómo, ni montar eventillos, ni campus, ni enfrentarme al problema de la falta de material o financiación... ni mucho menos vender la idea. Yo, por ganas, me plantaría en el AMPA o el colegio y les propondría hacer talleres para ellas, las niñas adolescentes. Pero venderlo me cuesta, este colegio es de decir "no" a todo y yo qué sé... Supongo que acabaré mencionándoselo a alguien.

Que las niñas puedan dedicarse a lo que les guste, saberse tan buenas como los chicos y mandar a la mierda a las estúpidas que creen que la tecnología es de tíos creo que merece, aunque sólo sea, comentarlo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Reorganizando las cosas

Aparte del nivel de trabajo en el curro, que ha aumentado considerablemente, y de las cosillas que hay que hacer en casa con el inicio del curso, estoy tratando de reservar más tiempo para mis proyectos, con el claro propósito de ir terminando dos de ellos. Son muchas cosas, y quiero tener todo bastante bien organizado. Me da la sensación en las últimas semanas de que ya no me muevo siguiendo mis objetivos a medio o largo plazo, sino según llegan tareas rápidas que hay que hacer ya, ya, ya. De hecho, si ya mis entradas suelen ser largas, las últimas son un despropósito, porque quiero escribir y no tengo tiempo, así que cuando escribo, tecleo un chorrazo de información que luego no reviso. Aunque parezca mentira, normalmente reviso (o revisaba) los posts, evitando el caos que en las últimas entradas habréis notado los pocos que leéis esto. Y no puede ser.

Vamos, que vivo al minuto, y eso no me gusta.

Por eso voy a darme un mes de relax y reflexión, en que iré reordenando mi tiempo y organizando mi día a día. ¿Y a qué viene esto? Pues a que dejo temporalmente de escribir. Octubre puede ser el primer mes en que no escriba nada desde hace bastante. Pero no: no dejo el blog. Cuando empecé necesitaba obligarme a escribir. Ahora, me pongo nervioso al pensar que hace más de dos semanas que no escribo nada. Lo que hace cogerle vicio a esto. En fin: con este parón espero quitarme este estrés de no escribir. Me genera estrés, lo reconozco.

Lo que sí mantengo es Sheldonadas. Son posts cortos y, encima, tengo programado ya todo octubre. Incluso alguna cosa para noviembre.

Volveré a Incasequible. Igual hasta reescribo las últimas entradas. Por respeto al lector. Ya veré. Volveré.

¡Nos vemos!