lunes, 20 de junio de 2016

El mal menor

Como suele ser mi costumbre los lunes, acabo de ver el último vídeo de Last Week Tonight, el programa del mordaz John Olivier. Esta vez, ha tratado el tema del famoso Brexit. Como buen británico, a Olivier le interesa el tema y, como él mismo indica, a todos debería importarles, incluso al otro lado del charco, porque las implicaciones económicas de una hipotética salida de Reino Unido de la Unión Europea son grandes.

En cualquier caso, la pregunta que surge viendo el programa es "¿qué es peor?". No parece haber solución perfecta, ni siquiera buena. La Unión Europea es un ente extremadamente burocrático, complejo y engorroso. Da la sensación de ser un aparato gigantesco con terribles problemas de diseño. Sin embargo, salir de la UE puede ser peor que estar en ella, por mucho que nos guste poner sus instituciones a caldo. Y digo "nos guste", porque los británicos deben de creer que son los únicos a quienes la Unión no les gusta, pero personalmente me siento muy alineado con sus críticas.

La Unión Europea se construyó con ilusión, como quienes hacen una casa común, cada cuál poniendo lo que le da la gana y como le da la gana. Pero a quién le importa que Fulanito ponga esto así o asá: la ilusión del proyecto es mayor y no vamos a discutir por eso. Años después, todos miramos la casa, mal hecha y fea de narices, con la ilusión ya pasada, y nos damos cuenta de que es un horror, pero tenerla es mejor que vivir a la intemperie.

El caso es que pensando en ello, esto me recuerda a las elecciones en España. La gente vota a Podemos porque por mucho que critiquen sus ideas, votar lo de siempre no funciona. Y la gente vota al PP porque, aunque no soportan a Rajoy, que salga Podemos es peor. ¿Soy yo, o esta época que vivimos bien podría llamarse "la década de la búsqueda del mal menor"?

Creo haberlo comentado en posts anteriores. Cuando ya ninguna solución es satisfactoria, es hora de echar marcha atrás y revisar las bases y fundamentos que damos por seguros para buscar soluciones nuevas. Es hora de innovar, de crear modelos de estado nuevos, donde mantengamos lo bueno y corrijamos lo malo con fórmulas novedosas. Es hora de replantearse la relación entre los estados de la UE y sus bases para crear una estructura más eficaz manteniendo la unidad. Es hora de innovar, pero por mucho partido nuevo que veo, sigo escuchando fórmulas antiguas.

Es inevitable: la Historia así nos lo enseña. Alguien innovará y liderará el nuevo siglo que ya ha comenzado. No sé quién, pero alguien lo hará. El problema es que, cuanto más tarde en llegar, peor y más violento será el cambio. Siempre ocurre igual. Y siempre ocurrirá.

Es la época que nos ha tocado vivir.

miércoles, 15 de junio de 2016

Clases sociales

Hace unos meses, acudí con mi hermana a una universidad, tipo escuela de negocios privada, de ésas cuyo nombre son siglas llenas de ies, es, enes y algunas eses de vez en cuándo: ESINE, IESE, INASE, EINES, TROLOLO... Igual da el nombre que tuviese. Era el día de puertas abiertas, y durante dos horas y media bombardearon a los padres con argumentos por los que estudiar en su universidad es bueno para sus hijos. Razones no les faltan: Pocos alumnos por aula, años de experiencia, un alto porcentaje de doctores, profesores que están en grandes empresas privadas, muchas charlas de emprendedores y gente experta, bolsa de trabajo con menos de un 7% de paro al terminar, fondo de inversores para crear negocios, fomento del emprendimiento, 18º mejor MBA de Europa... La pera, vamos.

A mi lado teníamos a una señora repuesta con su niño de pinta más que pija, cuyo padre llegó al rato muy trajeado y con el móvil en la oreja. El mismo móvil que le hizo salir y entrar tres o cuatro veces de la sala no sin antes molestarme para dejarle pasar. Y así era todo el mundo. Estaba en mundo-pijo, para entendernos. Me resulta chocante la idea de pensar en mi sobrino estudiando ahí, porque de pijo no tiene un pelo, pero la experiencia puede ser formidable.

Conduje de nuevo hacia casa pensando y, por la noche, examiné tranquilamente en el sofá toda la documentación que me habían entregado. Y me pregunté: "¿qué probabilidad tiene un chaval de algún barrio de clase media o media-baja, de estudiar en un centro como ése?" Mis conclusiones fueron terribles.

Para estudiar allí hay que tener dinero o ir becado. Una de dos. Si eres de clase social media-baja no tienes la pasta, así que necesitas ir becado. Visité la web de esa universidad para ver si disponen de becas. Y sí: así es. Una para discapacitados y otra para personas que necesiten ayuda financiera. ¡Aleluya! Tienen becas de... ¿un 15%? ¡¿de un 15%?! ¡Un 15%! ¿En serio? Si la carrera me cuesta 6000 euros al año, ¿de verdad creen que 900 marcan una gran diferencia? Sin duda, no es solución para gente sin muchos recursos. Por último, tenían un enlace a la web del Ministerio. Si no me he informado mal, estas últimas son de 1500€ máximo. Están pensadas, como es de esperar, para acceder a estudios baratos. ¿Públicos?

Luego está el problema del desplazamiento. Colegios hay en todas partes. Universidades no. Así que para encontrar un buen colegio igual tienes que moverte un poco, pero para encontrar una universidad privada te tienes que ir a zonas de alto nivel económico. O sea, lejos de las clases medias y bajas. Ir todos los días a una escuela de negocios que está en el quinto pino es un obstáculo que, al final, tienen de manera especial los de siempre.

El problema no es sencillo, pero creo que todos tenemos claro que requiere, para empezar, de tres cosas: cambios legislativos, estabilidad legislativa y financiación. Sin eso, que no tiene pinta de tenerse a estas alturas, no hay tu tía. Ni en educación superior ni en la básica. Una vez conseguido eso, hay modelos en el extranjero que son enteramente públicos y otros enteramente privados. No creo en esa discusión tonta y antigua sobre si todo tiene que ser así o asá. Lo de la "educación pública de calidad" es precioso, pero nada fácil de lograr. Yo creo en la libertad y en que ambos modelos pueden coexistir. Pero, se haga como se haga, debo decir que no es en el chico de barrio pudiente en quien hay que pensar: sus padres tienen recursos para darle lo que necesite, ya sea aquí o más allá de nuestras fronteras. Es en el del barrio humilde. El problema de esos chicos es el que hay que arreglar.

Ahí es donde se forja la igualdad, más allá de la sanidad, la defensa, la economía e, incluso, los derechos civiles. Es en la educación de quienes tienen menos. Porque, lograda ésta, esos jóvenes convertidos en adultos tendrán la oportunidad y las herramientas para forjar una sociedad mejor.

lunes, 13 de junio de 2016

La responsabilidad de publicar

Solemos quejarnos de la forma en que el periodismo ha ido perdiendo credibilidad, publicando sin informarse lo suficiente. Llega el becario de turno, pensamos, y mete una noticia que no está corroborada. Y pensamos en cómo puede ocurrir tal cosa. Son medios profesionales, de gran experiencia, y cometen ese tipo de errores. Y pensamos que uno ya no se puede fiar ni de los periódicos.

Un día, nos llega un correo sobre los números en la base de un tetra brick y lo reenviamos. Y recibimos otro sobre la chirimoya y su capacidad para curar el cáncer y lo pasamos a nuestros amigos porque hay que ver qué malas son las corporaciones. Y luego resulta que en el municipio hay una banda que secuestra niños en las salidas de los colegios, usando una furgoneta verde, negra, blanca o vete tú a saber. Y la policía, el ayuntamiento y el colegio tienen que andar desmintiendo chorradas. Y así, uno tras otro, te van mandando mensajes que no son reales, comúnmente denominados "hoax". Llegan al correo e, incluso, al grupo de Whatsapp que hay para los padres de la clase que, digo yo, no está para para eso. Claro, que casi nadie lo usa para lo que es. Y va la gente y los reenvía. Con dos narices.

Uno debe tener claro que, si publica algo, ya sea reenviándolo, colgándolo en su muro de Facebook, twiteándolo o poniéndolo en el grupo de Whatsapp de turno, se hace responsable de eso que publica. Da igual que no lo haya escrito: su difusión es su responsabilidad. Hay mil formas de asegurarse de que un hoax lo es. Y otras mil de asegurarse de la veracidad del mensaje. No podemos decir "pues lo reenvío" con la tranquilidad de que el otro verá si lo cree o no.

Internet es maravilloso. No permite llegar potencialmente a millones de personas sin necesidad de ser una gran empresa o disponer de presupuestos multimillonarios. Es un gran poder y, como todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad.

Así que, por favor, sean responsables.

lunes, 6 de junio de 2016

Contraseñas, esa falsa seguridad

En mis ratos libres, suelo hacer alguna cosilla de web para otros. Amigos, colegas... Les echo una mano en sus proyectos web y, a cambio, implemento lo último que he aprendido y practico. Así que trasteo en sus sitios y, a menudo, me sorprendo de la carencia de seguridad en las webs y, al poder ver las contraseñas en la base de datos, ahí, abiertas, como si tal cosa (lo que no debería poderse hacer), me maravillo de la facilidad que tiene la gente para poner contraseñas tontas.

Hoy he leído que la contraseña más insegura de 2015 fue "123456". Me lo creo. Sí, sí: me lo creo. Por suerte, ya hay sitios que no permiten ese tipo de contraseñas. Pero los hay que sí y, entonces, la gente va y te planta un "123456". Alucinante.

Pero el problema que hay no es sólo la debilidad de las contraseñas, sino que se usa siempre la misma para todos los servicios habidos y por haber. Es alucinante. La mayor parte de la gente se aprende una contraseña y la usa para todo. Y, además, usa para todo la misma contraseña durante años. Y claro, como esa gente suele ser la misma que no tiene ni papa de cómo funciona Internet, de los que reenvían correos en cadena, los abren vengan de quien vengan, miran los adjuntos aunque el mail no tenga asunto, se instalan cualquier cosa, navegan por cualquier sitio y meten su tarjeta en cualquier lugar, pues pasa lo que pasa: que su contraseña para todo acaba en tropecientos sitios inseguros que guardan las contraseñas en texto plano. Ahí, con dos narices. Entonces alguien roba la contraseña y no tiene acceso a la cuenta de esa persona en ese sitio web, no: la tiene en todos los sitios web, incluso seguros, porque la personita usa la misma contraseña en todas partes. Ole que ole. Y luego Internet no es seguro.

El problema que tiene la gente es memorizar, así que vamos a dar algunas ideas para generar contraseñas más seguras. No infalibles, pero sí bastante más seguras de lo que la gente suele usar.

Un método pasable, aunque mejorable: El sistema del número de teléfono

El truco consiste en poner como contraseña un número de teléfono, cambiando algunos números por la inicial de la cifra, ya sea en mayúscula o minúscula. Por ejemplo: Si sabemos de un número que es 616 785 644, podríamos poner los tres primeros números, los tres siguientes mayúsculas y los tres últimos minúscula. Así: "616SOCscc". "SOC" proviene de las iniciales de "Siete Ocho Cinco", y el "scc" final, procede de las iniciales de "seis cuatro cuatro".

Esta contraseña tiene varias debilidades. La primera es que no se debería usar el propio número, porque entonces si lo consiguen por ahí probarán con este método. Use otro que conozca y no sea suyo. La segunda es que un patrón por tríos (tres números, luego tres iniciales mayúsculas, luego tres minúsculas), ya sea en el orden del ejemplo o en otro, es muy sencillo. Cámbielo e, incluso, hágalo más complejo.

Otra mejora es quitar un número, haciendo la contraseña de 8 caracteres, o añadiendo alguno. Se puede, incluso, quitar el primero (que suele ser siempre 6) y cambiarlo por un carácter especial, como admiración, interrogante o almohadilla. Ejemplo: #1S7OcSCc

En cualquier caso, es considerablemente mejor que "123456".

Un método mejor, si sabe buscar: El sistema de las frases

Coja una frase o fragmento de texto que pueda memorizar bien. Puede ser famosa o no. De hecho, mejor que no. Y haga lo siguiente:

  1. Vaya tomando las iniciales de las palabras y escribiéndolas.
  2. De alguna manera fácil de memorizar, ponga algunas en mayúscula, ya sea por inicio de frase o por otra cosa.
  3. Si hay algún número, póngalo como número.
  4. Si no hay número alguno, añada uno al principio o al final, a ser posible de un mínimo de dos cifras.
  5. Añada un signo de admiración o interrogación en algún lugar, si el sistema le permite ese tipo de caracteres.
Con eso, la contraseña será considerablemente segura. Veamos un par de ejemplos:

Cojamos los dos últimos versos del poema "Invictus", en español: "Soy el amo de mi destino: Soy el capitán de mi alma".

  1. Iniciales: "seadmdsecdma"
  2. Inicios de frase en mayúsculas: "SeadmdSecdma".
  3. No hay números, así que ponemos uno que podamos recordar, como el año de nacimiento de su autor (nos acabaremos acordando y, si no, sabemos cómo encontrarlo): "SeadmdSecdma49"
  4. Como carácter especial, voy a elegir una admiración en vez de los dos puntos: "Seadmd!Secdma49"
No hay narices de adivinar esa contraseña de buenas a primeras. Que sí: si se ponen la pillarán, pero les costará. Mucho. Y en un par de veces la hemos memorizado. Se pueden usar frases que tengan cifras, como el inicio de la "Canción del Pirata" de Espronceda ("Con diez cañones por banda...") o el inicio de los "Diez Negritos" de Agatha Christie ("Diez negritos se fueron a cenar...").

¿Pero todo esto es realmente seguro?

Pues hombre... Depende de cómo guarde su contraseña (su cabecita es su mejor aliada). Pero, para hacernos una idea, he cogido un par de sitios web que se supone que te dicen lo fuerte que es tu contraseña calculando, grosso modo, el tiempo que tardaría un ordenador en averiguarla por fuerza bruta. Veamos los resultados:

  • 123456: Instantáneo. Menos de un segundo.
  • 616SOCscc: Fuerte. Entre 2 y 4 días.
  • #1S7OcSCc: Muy fuerte. Entre 1 y 3 meses.
  • Seadmd!Secdma49: Entre 150 y 16 mil millones de años.

Pero, aún con todo, recuerden que la contraseña será tanto más segura cuanto más cuidado tengan con ella. Prueben, de momento, alguna frase fácil o lo del número de teléfono. Y, año tras año, según les dé, vayan mejorándola e implementando la última versión siempre en los sitios más seguros. Nunca usen en sitios de dudosa seguridad contraseñas que utilizan en lugares con datos personales, como Google o Facebook. Por último, un buen antivirus que impida ataques a su PC o Mac y un conocimiento mínimo de qué adjuntos no hay que abrir NUNCA.

Igual que en el mundo real dónde está su cartera depende sobre todo de usted, en Internet también depende de usted dónde acaba su contraseña.

viernes, 3 de junio de 2016

El sistema democrático que me gustaría tener

El post anterior fue sobre los "juguetes" de ciencia y tecnología que me gustaría tener. Dentro de los deseos, hoy me muevo a otro terreno bien distinto: el sistema democrático que me gustaría tener en España.

Presidencialismo

La desventaja de los sistemas presidencialistas es que pueden no tener el apoyo del legislativo (las cámaras). Pero el sistema parlamentario para mí es peor: puede dejarte en la situación actual, con un gobierno eternamente en funciones y sin elegir nuevo gobierno en la torta de tiempo. Así que haría elecciones donde se elija por un lado el legislativo y por otro el ejecutivo.

Doble vuelta

Para mejorar las cosas y evitar los efectos típicos de "no quiero que este tío gobierne", las elecciones al ejecutivo las haría a doble vuelta. Así, todos votamos y, quienes hayan elegido a un candidato minoritario (que no pasará a segunda vuelta), puede elegir una segunda opción.

Dado que la doble vuelta tiene cierto coste, porque en el fondo son dos elecciones, una alternativa sería que en la hoja la gente pueda escoger un primer y un segundo candidato. De esta manera, se van eliminando los minoritarios y sus votos se pasan a la segunda opción de cada votante. Es más engorroso en cuanto mecánica, pero más barato. De momento, propondría doble vuelta.

Unicameralidad

Yo soy de los que piensan que es necesaria una representación territorial en un país tan diverso como el nuestro, aparte de la representación proporcional. Pero también creo que mejor que tener dos cámaras sería tener una sola cámara de mayor tamaño. Si sumamos los 350 diputados y los 266 senadores que hay en España, en total tenemos más de 616 escaños. En el Congreso, para que se hagan una idea, cada diputado representa una media de unos 130.000 residentes. Eso es la torta. Con esos 616 asientos, la media se quedaría en, aproximadamente, 75.000. ¡Es toda una mejora!

¿Y qué pasa con la representación territorial? Pues cuando una votación sea territorial, se cogen los votos de los diputados que corresponderían a un escaño del actual Senado y se unifican en un solo voto. O sea, que votando una vez, se sabe qué resultado se tendría en la cámara baja y cuál en la alta. Menos votaciones significa menos tiempo y procesos más rápidos y eficientes.

Aumento de escaños

Pero vamos más allá. Si los chinos pueden tener casi 3000 asientos, no veo por qué no podemos nosotros tener un tercio de ellos: 1000. No es tanto, si lo piensan. Una cámara de 1000 asientos no es tan grande. Y, encima, se unificarían ciertos gastos derivados del funcionamiento de los edificios: grabaciones, encargados de sistemas informáticos, seguridad, bedeles... Sí, sería un edificio el doble de grande que el Senado (o no, no crean: el salón de plenos no es precisamente lo que más ocupa en el edificio), pero por el mero hecho de ser una única construcción se ahorraría mucho. Y, lo mejor: la representación sería mucho más detallada. Cada congresista representaría a 46.000 personas, lo que está bastante bien. Ahora mismo, Ceuta tiene un representante, y con ello obtiene mayor representación de lo que debería. Con 1000 escaños obtendría 2 (¡un gran nivel de detalle!), con un error representativo muy inferior: de un error de 50.000 habitantes por escaño a sólo 5000. Flipen, amigos.

Sin listas

En la papeleta para el legislativo, los nombres de los candidatos de la circunscripción. Nada más. Si eso, como ayuda, se puede poner el partido al que pertenece. Sin límite de candidatos: por un partido podrían presentarse varios. A su bola. Si el partido quiere limitarlos, es cosa suya.

Claro que, imaginemos que se presentan tres candidatos del partido "A", y la mayor parte de la gente quiere que gobierne alguien con ideas de "A". ¿Cómo hacer para que el reparto de voto a candidatos "A" no perjudique al partido y, con ello, a los votantes? Pues pudiendo marcar varios. Si yo marco los tres candidatos del partido "A", lo que quiero decir es "quiero que gobierne el que más votos únicos saque de estos tres". Y todos contentos. Se mira el número de votos únicos que saca cada candidato y de ahí se van asignando votos de grupos, según los más votados.

De esta forma, adiós primarias y cosas así: que los votantes escojan, directamente, lo que quieren. ¿No sabe el partido a cuál de tres candidatos poner como cabeza de lista? Pues puede poner los tres. Mejor: así el partido sale ganando, aglomerando votos, y los ciudadanos tienen mayor capacidad de elección, sin intervencionismos oligárquicos internos.

Lo bueno de unir esto y la cámara única de 1000 representantes es que hacer campaña para 46.000 ciudadanos es bastante más sencillo que hacerla para 130.000 que hay ahora de media por diputado. De hecho, si lo hace bien, una persona con presupuesto limitado podría presentarse y hacer un buen papel sin necesidad de un partido respaldándole.

Conclusiones

Quitar el poder a los partidos y dárselo a los políticos de a pie es crucial si queremos mejorar el sistema. Además, hacer que la gente pueda elegir a personas que, desde sus escaños, les representen de manera más cercana, es importantísimo. Que eso ocurra es lo que realmente diferencia un sistema mediocre como el actual de un buen sistema electoral y representativo.

A partir de aquí, las cosas pueden mejorar aún más. Pero la base es tener un ejecutivo independiente, un legislativo realmente representativo, y un sistema más ágil y dinámico. Luego ya... Innovamos más. Pero este paso es crítico si queremos tener un país de primera.

miércoles, 1 de junio de 2016

Los "juguetitos" que me encantaría tener

Uno navega por Internet y se encuentra todos esos cacharritos que molaría tener. Sobre todo, esos que usaría en mil aplicaciones y cosas, no digamos con los niños. No hablo de juguetes o juegos propiamente dicho: ni consolas ni juegos de tablero ni nada de eso. No. Cacharros de orientación científica y tecnológica, especialmente.

Microscopio

Ah, el microscopio. Cuántas horas empleadas en él. Yo tengo un microscopio, ya antiguo, sin luz propia, sino un espejo para reflejar una fuente lumínica externa. Sus aumentos, escasos, y eso es lo que, con el tiempo, me hizo dejarlo abandonado en alguna estantería. Por ahí anda. Lo saqué hace unos meses y no mereció la pena. Y la razón es, precisamente, que sirve de poco cuando no tiene aumentos suficientes.

La gracia del microscopio, para mí, está en los microorganismos, en las células. Muestras vivas que requieren 2000 aumentos y tinciones. Ahí es donde está la gracia. Así que he ahí mi primer "juguete": microscopio binocular de 2000 aumentos y tinciones varias.

Little Bits

¡La electrónica! Esa disciplina que se me escapó durante años. Compré libros y todo, pero fui incapaz de dedicarle el tiempo necesario y , finalmente, la dejé por imposible hasta nueva orden. Pero entonces encontré LittleBits. Y moooooooooola... Fácil de usar, este sistema modular de electrónica te permite hacer la torta de juguetes electrónicos sin tener ni papa de electrónica, lo que tiene narices. ¿Y la de horas que me puedo pasar con mis niños jugueteando con el kit de gadgets?

Arduino / Genuino

Si llevamos la electrónica a otro nivel, por otra parte más complejo, molaría tener una placa Arduino con componentes a cholón. Por ejemplo, el megakit de iniciación. Qué guay. Se me hace la boca agua. La de proyectos que se pueden hacer con eso.

LEGO Mindstorms

Y ya puestos, de electrónica ¡a robótica! MOOOOOOOOOOOOOOOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. Sí, ya sé que hay otros sistemas, pero no molan tanto. ¡LEGO Midstorms EV3!

La de cosas que haríamos mis niños y yo con eso, madre mía... La de cosas que haríamos gastándonos ¡400€! La madre que @#%/!

Snatoms

Construir modelos moleculares. Está genial para juguetear y enseñar a tus hijos. Casi imprescindible en cualquier clase de química. Hace tiempo traté de hacer un kit con ese mismo principio, pero fue un proceso complejo para muy pocos átomos.

¡Pero ahora tenemos Snatoms! Un kit completo de química, especialmente orgánica (trae, sobre todo, carbono, hidrógeno y oxígeno).

Telescopio

No podía faltar un buen telescopio, de los que permiten ver Saturno sin sentir los efectos de una excesiva aberración. Bueno, va: me conformo con uno más normalito, aunque si ahorro lo suficiente molaría el capricho de algo más avanzado. Ah, las noches de campo bajo las estrellas, buscando objetos y fotografiando las lunas galileanas...

Impresora 3D

No podía faltar, claro. Pero por lo que he oído las baratas son difíciles de calibrar y generan muchos errores y repeticiones, con el consiguiente coste de filamento. Así que, puestos a pedir, una ZPrinter polícroma, como la 250. No digamos la 850, jejeje.

¿Os imagináis lo que se puede hacer con Arduino y una impresora 3D? ¿O con LEGO Mindstorms y la impresora 3D? Bueno, buenoooooooo... ¡Entretenimiento a raudales! ¡Me pondría a diseñar robots para mi huerta y limpieza a lo bestia! Robots que rieguen, que limpien, barran, reconozcan el mapa de la casa... ¡Mi casa iba a parecer un laboratorio futurista!


Lo vamos a dejar aquí, porque se me hace la boca agua, jolines...

miércoles, 25 de mayo de 2016

Eterna discusión: videojuegos y violencia

Hace un tiempo vi el DICE Summit de este año 2016. Tras un excesivamente largo y soso discurso del Presidente de la Academia de Artes y Ciencias Interactivas, comienza una charla donde ponen, nada más comenzar, un extracto de un programa de 2012 donde Penn Jillette defiende los videojuegos cuando alguien trata de argumentar que jugarlos tiene que ver con una de las últimas matanzas estudiantiles de Estados Unidos. Hablamos, claro, de "Call of Duty". He aquí el vídeo (en inglés):

La matanza a la que se refieren es la de la Escuela Elemental Sandy Hook, en Connecticut. Un chaval de 20 años entra en ella y dispara contra los niños y los profesores, matando a 20 menores de 8 años y 6 adultos. Realmente trágico.

El chico que perpetró la matanza jugaba a "Call of Duty". También tenía diagnosticados varios problemas psiquiátricos, pero eso no parece importar tanto. Prácticamente todos los chavales que han entrado en un colegio y han tiroteado alumnos y profesores, que han sido varios en Estados Unidos, tenían, como mínimo, problemas psiquiátricos, especialmente relacionados con la empatía y socialización. Sinceramente, creo y a poco que todos lo pensemos podemos considerar, que esos problemas son una fuente más factible para esas tragedias que "Call of Duty". Pero supongo que decir eso provocaría las críticas de pacientes que los tienen y de asociaciones diversas diciendo que "no por tener esta enfermedad somos unos asesinos". Y es verdad.

Las matanzas en colegios se remontan a tiempos muy anteriores a los videojuegos, incluso al cine y la televisión. Se puede encontrar una lista en Wikipedia. Eso, claro, y siendo crítico, no quita para que algunos de los últimos autores de masacres escolares hayan sido jugadores de, no ya videojuegos, sino FPS (género de pegar tiros, tipo "Call of Duty" o "Doom").

La cuestión es, ¿generan los videojuegos actitudes violentas? No soy un experto, pero por lo que he visto y leído, sumado a echarle un poco de sentido común, me hago una idea.

En primer lugar, shooters hay muchos. Desde los más hardcore, tipo "Doom", en plan "sangre, sangre, sangre" a los más light, como "Splatoon", donde disparas pintura. Los primeros no creo que sean buenos para niños de corta edad. Y creo que todos podemos estar de acuerdo. Evitarlo es cosa de los padres. Los simplones y sin sangre ni muertes, como "Splatoon" no hacen daño a nadie.

En segundo lugar, insisto, hablamos de gente con problemas mentales. Si un enfermo mental se pone a atropellar a gente, dudo que la prensa se ponga en modo anti-coches: se preguntarán por qué han dejado conducir a ese tío. Pues los videojuegos igual. No entiendo que a un chaval sociópata medicado o con un perfil depresivo o lo que sea que tengan le dejen ponerse a jugar a un shooter violento. Pero aquí sí: se critica al videojuego. ¿Por qué? Porque es algo que no se ve como útil, algo que no está en la vida de quienes critican y a lo que no tienen ningún afecto. Pero, en el fondo, la situación es idéntica: no des a quien no puede tener un mínimo de responsabilidad porque tiene una enfermedad mental medios para que su cabecita empiece a generar problemas.

Y, siendo padre, entiendo que mi responsabilidad es, precisamente, controlar eso. ¿Tu hijo tiene un problema de ese tipo? Ayúdale. Ponerle delante de un monitor a matar, matar y matar no es precisamente lo más responsable, ¿verdad? Ni lo es ponerle frente a la televisión a ver "Gladiator", que enseña bien de sangre, no digamos una de Tarantino.

Así que dejémonos de criticar lo que desconocemos y vayamos a la razón de las cosas. El problema en toda esta historia, y no es un problema sencillo, es que hay gente con ciertos problemas que no reciben el apoyo ni la supervisión requerida por parte de quienes les rodean. Si ya me asombro cuando viene mi hijo de 8 años diciendo que sus compañeros juegan a "Call of Duty", lo que me parece por parte de sus padres una completa irresponsabilidad, no digamos si en vez de un niño de 8 años es uno de 20 con problemas psiquiátricos.

Quiero suponer que los médicos que tratan a estas personas advierten a sus padres de lo que no deberían permitir (como dejar que perciban cierto grado de violencia, sea en una película o un videojuego). También me encantaría suponer que los padres de este mundo saben a qué juegan sus hijos. Por desgracia, esto último tengo comprobado que no pasa. Resulta curioso cómo las AMPAs y Cuerpos de Seguridad dan charlas en los colegios sobre seguridad en Internet, para proteger a sus hijos de lo que hay ahí fuera, pero, como nos creemos que nuestros niños, hagan lo que hagan, son perfectos, nadie da charlas a los padres para que conozcan los videojuegos a los que juegan sus niños.

Y sirva un ejemplo. En una charla de padres con la tutora de uno de mis hijos surgió el tema de que los niños no eran respetuosos unos con otros. En concreto, una madre mencionó que repiten mucho un adjetivo que a ella le molesta especialmente: "pringao". Hablando del tema con un padre, resulta que se mostró de acuerdo. Cuál sería mi sorpresa al escucharle, cuando su hijo sé perfectamente que es un lector de la serie del "Diario de Greg", cuyo primer volumen se titula "un pringao total". Y me pregunto: ¿ese padre sabe lo que lee su hijo? A mí me da igual: creo que los de Greg no son malos libros, aunque preferiría otros. Pero claro, si no estás de acuerdo con algo que estás dando a tu hijo, la cosa tiene miga.

Entender lo que nuestros hijos consumen es importante. Hay padres obsesos del ejercicio que hacen sus hijos, los hay de lo que comen, de lo que aprenden cada día... Pero luego hay muchos que van a Game y miran la caja de del videojuego que les ha pedido su hijo como si mirase una obra literaria en japonés, preguntándose qué será eso, y van y se lo compran. Con dos narices. Porque sus compañeros lo hacen. O porque su hijo dice que sus compañeros lo hacen. Pero oye, pensará el padre que su hijo está bien educado, por no decir que es perfecto, y sabrá lo que consume.

Con dos narices.